beholder review

Buche distópico

Carl se vendió al Estado Dictatorial / El Estado que lo vio crecer / Ya no vino nunca más a tirar molotovs / Y se olvidó de imprimir los folletos subversivos / Por la noche espía sin igual / Molestando y denunciando a los demás / Ya no sos igual / Ya no sos igual / Sos un vigilante de un Estado totalitario en una ficción distópica / Sos buchón / ¡Sos buchón!

 

Beholder es una mezcla de géneros. Tiene algo de aventura gráfica y algo de SIM con gestión de recursos. Nos propone ser un empleado del Gran Hermano de turno, un estado totalitario que se toma muy en serio el micromanagement de sus ciudadanos, al punto de prohibir usar jeans o poseer manzanas, bajo la pena de desaparecer para siempre. Porque todos sabemos que no hay fruta más subversiva que una manzana, en especial la verde.

Así es como el Estado nos brinda un nuevo trabajo y vivienda para nosotros y nuestra familia, regentando un edificio de departamentos. Más allá de tener que lidiar con eventuales reparaciones edilicias (pensar que en casa no le echo ni aceite a las bisagras) y gestionar la entrada de nuevos habitantes, la función crítica de nuestro personaje es otra: monitorear las actividades de nuestros inquilinos e informarlas.

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Para esta actividad, contamos con recursos tan primitivos (espiar por las cerraduras) como avanzados (diferentes tecnologías de cámaras, escondibles en detectores de humo). Además, nuestro personaje posee la llave de cada departamento, lo cual lo habilita para entrar a hurgar entre pertenencias ajenas o colocar cámaras cuando no hay nadie en casa. Claro que, si nos agarran in fraganti, tendremos problemas. Y, en caso de que alguno se lo pregunte, aclaramos que no, no se puede oler ropa interior.

Eventualmente, pescaremos alguna infracción y ahí comienza nuestro dilema: ¿denunciamos a la adorable pareja de ancianos por “tenencia de golosina prohibida”? Si fuera algo que revista gravedad, tal como una bomba casera o un CD de cumbia en el cajón de las medias, la decisión sería más sencilla.

Es entonces donde comienzan a jugar dos variables: el tipo de personaje que queremos ser y el componente de aventura gráfica. En especial esto último, porque las decisiones afectan nuestras posibilidades futuras: ¿Y si estamos eliminando al doctor que puede curar a nuestra hija de una enfermedad mortal? Al mismo tiempo, no debemos descuidar nuestro dinero o “reputación ministerial”, dos recursos críticos, que menguan de acuerdo a diversos factores, tal como incumplir una orden directa del ministerio.

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Claro que, para la obtención de estos recursos, también hay alternativas “non sanctas”: en lugar de denunciar, podemos extorsionar a cambio de dinero. O plantar pruebas falsas y denunciar, a cambio de reputación. Las alternativas están allí, para maquiavelizarla toda. Hasta incluso existe la opción de apoyar la causa rebelde, así que vayan aprendiendo “Comandante Che Guevara” en la guitarra acústica, en caso de querer crear ambiente.

De esta manera, las variantes para cada caso particular son muchas, así como también sus desenlaces y consecuencias. El juego nos propone enfrentar de manera constante elecciones morales y ponernos de un lado u otro, con desenlaces que pueden conducir a un insospechado tiro por la culata, para nosotros o nuestra familia.

Ante tanta diversidad, logra mantener cierta estructura narrativa a través de actividades particulares. Existe la suficiente libertad como para hacer lío pero, tanto del Ministerio como del resultado de interactuar con los inquilinos, tenemos misiones específicas a cumplir y algunas con límite de tiempo. Muchas pueden verse como optativas o secundarias, pero no por ello significa que tenga menor impacto en el desarrollo de la partida. Es decir, siempre está la opción de “hacerse el dolobu”, pero hay que saber administrarla.

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La vecindad del Dr. Caligari

La estética de Beholder es tan particular como excelente: sobre un escenario en 3D, los personajes se representan con siluetas negras y planas, tal como sombras, con algún rasgo distintivo que permite diferenciarlos. Para mejorar nuestra percepción del entorno, se pueden efectuar rápidos acercamientos y alejamientos de cámara, cosa de tener siempre afilado nuestro sentido botoneril. Si jugaron la versión de PC es posible que la adaptación al mando les resulte algo tortuosa, pero es una sensación que dura un par de horas.

En cuanto al aspecto sonoro, la música y los efectos acompañan de manera estupenda, además de ser parte de la jugabilidad, ya que nos darán pistas o avisos de que algo importante está ocurriendo. Nunca está de más el bocinazo a tiempo para ir a fisgonear al vecino que se está por tomar un whiscola, bebida que debería estar prohibida en todas las naciones de bien.

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El Sueño Feliz

La versión que nos toca revisar incluye su DLC, Blissful Sleep, que se siente más de lo mismo. Hay algún ajuste menor a una o dos mecánicas, pero el mayor cambio es que controlamos a otro personaje, Hector, quien sufre un error burocrático: sin llegar a los 50, el Estado lo registra con 85 años de edad. “Bueno, no es tan dramático”, dirán ustedes. El tema es que El Gran Líder ha encontrado una solución a la problemática mundial del sistema previsional: cuando los ciudadanos tienen la inadecuada ocurrencia de cumplir los 85 años, son llevados al centro de eutanasia, para ser afortunados acreedores de un “Sueño Feliz”. Es decir, los “pasan a valores”. NOTA: Les pedimos que mantengamos esto dentro del mundillo gamer, por favor no avivemos políticos.

De esta forma, apenas comenzamos la partida, contamos con una misión principal delimitada por tiempo, que no es otra que zafar del “boleteo previsional”. Es una diferencia con respecto al juego base pero que, al fin de cuentas, no hace mucha diferencia. Esta última oración es digna de Narosky.

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Para ir buchoneando… eh, no… Para ir cerrando

Es probable que uno de los pocos pecados de Beholder, tanto su juego base como su DLC, sea su falta de variedad y diversidad, en especial en las mecánicas. Resulta interesante charlar con todos los vecinos las primeras horas a medida que vamos cumpliendo con nuestras misiones. Pero luego de un puñado de partidas, dejaremos de sentirlo como un sistema “vivo” para pasar a verlo como un “deja vu”. De todas formas, esto no resulta suficiente para dejarnos muy entretenidos por al menos una docena de horas, buchoneando, extorsionando y oliendo ropa interior ajena. Bueno, eso último no. [i]


DESARROLLADO POR: Warm Lamp Games
DISTRIBUIDO POR:
Alawar
GÉNERO: Aventura, Estrategia
DISPONIBLE EN: PC, Mac, Linux, Android, iOS, PS4, Xbox One

CALIFICACIÓN

75%

QUÉ ONDA: Una mezcla de aventura más SIM de buchonazo con gestión de recursos.
LO BUENO: Estupenda ambientación, narrativa, estética y sonora. La libertad de acción, sumada a la propuesta de enfrentar dilemas morales y sus consecuencias.
LO MALO: La repetición es un tiro a los meniscos en el puntaje y el DLC no ayuda. La vecina del 2 canta canciones de Arjona frente al espejo.

Gustavo SobreroGustavo Sobrero, autodefinido como "old school gamer", se sospecha que utiliza el término para camuflar el hecho de que esta jovato. Fue administrador de importantes comunidades gamer y, desde ese entonces, escribe reviews para donde se lo piden, bien a lo mercenario. Amante de los RPG, incluso los de papel y lápiz, inició numerosas protestas para que al JRPG le saquen las últimas tres letras. Pueden seguirlo por Twitter o en Instagram.

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