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[REVIEW] Truck Racer: Dejando de lado la simulación


I see drunk trucks (Veo camiones borrachos)
 

Llega un momento en el que las apacibles autopistas europeas –donde cada uno va por su carril como Scalextric respetando las sugerencias que hacen las luces tricolores y los crípticos carteles– se hacen insoportables. Es entonces que decido que mi empresa de cargas bien puede seguir operando conmigo detrás del mostrador, alejado de las rutas. Aunque lo de detrás del mostrador es un decir.

Sintiéndome ya un experto del volante sobre la panza, me lanzo de lleno al primer torneo de camiones que encuentro. El resultado, no hace falta aclararlo, era el esperado. Gano por paliza. No se bien qué pasó, porque después de las dos primeras curvas perdí al resto de vista.

Ganadas algunas carreras, junto lo suficiente como para mejorar mi máquina. También podría haberme comprado otra, pero soy de los que prefiere explotar el máximo potencial de un vehículo antes de invertir en uno nuevo. Pero ojo, no es cuestión de comprar todas las mejoras porque sí. Cada una –y las hay, como las brujas– tiene efectos positivos y negativos sobre Velocidad, Manejo, Aceleración, Frenada y Resistencia. Por lo que hay que saber elegir bien para alcanzar el máximo rendimiento.

Después de ganar mi primer campeonato de punta a punta, corriendo en una serie de carreras en asfalto o sin pavimento, empecé a notar gran cantidad de chatarra sobre la pista. No entendía el origen de estos desperdicios metálicos. Hasta que, en carreras más largas donde pude sacar una vuelta de ventaja, lo comprendí. El ganar no se debía a mi extraordinaria capacidad de conducción –como la de la plata–, sino a la extraordinaria capacidad de mis oponentes para chocar contra todo y todos.

Quedé sorprendido al comprobar que ninguno había pasado los mínimos controles de alcoholemia –ahora que lo pienso, tampoco me los hicieron, pero soy un conductor responsable que nunca bebe después de conducir–.

Tal el descontrol, que intentaba mantener una distancia prudencial con respecto al último, siempre y cuando no tuviera a mi perseguidor sobre mis guardabarros. Es así que perdí más de una carrera por quedarme enganchado entre uno o dos irresponsables. Ménage à trois.

Ahora bien, en competencias en las que tenía que establecer mejores tiempos sin adversarios en pista, grande era mi sorpresa al verme superado por… ¡los mismos a los que les sacaba una o varias vueltas de ventaja! Extraña paradoja. ¿Será que cuando compiten solos no se les da por tomar? ¿O al no tener blancos móviles contra los que impactar se acordarán del fin último de una carrera?

Pero la cosa no termina ahí. Por algún extraño motivo, las 10 zonas donde se encontraban los 48 circuitos poseían una gravedad similar a la de la Luna. Increíble la tecnología que utilizan, pensé. Arremeter contra los alambrados de contención –como hincha de fútbol desequilibrado– provocaba que los trepara sin más. Aunque sin traspasarlos, para evitar que suspendieran el partido.

Terminada la temporada, volví a las tranquilas autovías del viejo continente. Pero ya no era el mismo. Perdía plata por entregas fuera de tiempo. Por algún extraño motivo, cada vez que veía un camión de cerca sudaba a mares y disminuía la velocidad hasta perderlo de vista en el horizonte. [i]

DESARROLLADO: Kylotonn Entertainment 
DISTRIBUIDO: BigBen Interactive
GÉNERO: Carreras
PLATAFORMA: PC, PS3, X360


CALIFICACIÓN
59%

QUE ONDA: Carreras descontroladas de camiones. Tiene potencial, pero le falta pulido y bruñido –podría llegar a un 73%–.
LO BUENO: El control de los camiones –en el piso–. El diseño y cantidad de circuitos. Las partidas en línea de hasta 4 abstemios.
LO MALO: Inteligencia artificial beoda. Físicas lunares. Poca variedad de camiones (6) y sólo 3 modos de competición.

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