Coberturas

Museo de Informática y un llamado de atención

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El cierre de un lugar hermoso y un llamado a la comunidad argentina

EXISTE EN LA ARGENTINA ESTE LUGAR MARAVILLOSO y obligatorio para todo geek. El Museo de Informática es un lugar repleto de cosas maravillosas que algunos de nosotros tuvimos en nuestras manos cuando éramos niños, momento en que también fueron novedad. Desde una Atari a una Apple Lisa, pasando por infinidad de computadoras, consolas de juegos, calculadoras, periféricos extraños y demás que jamás se nos ocurrió que existían.

Lo mejor es que la mayoría de estos aparatos están funcionando y se pueden probar. El picor se siente, sobre todo, al ponerle las manos encima a un Virtual Boy o a una consola de Pong para desafiar a un amigo. Es un recurso interesantísimo a la hora de investigar sobre la informática, tanto que el Museo se articula con la Universidad Tecnológica Nacional para que grupos de estudiantes reciban diferentes capacitaciones en forma gratuita.

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El museo es una ONG –Organización No Gubernamental– y sus fundadores, Alicia y Carlos, son gente sencilla así como curadores, administradores, contadores, restauradores, peones de carga y limpiavidrios del museo; porque está hecho a pulmón, y muy bien, con la invaluable ayuda de colaboradores que prestan su tiempo cada vez que el Museo enfrenta una restauración compleja o el armado de una nueva exposición.

Estas colecciones de máquinas y accesorios que se ven en las fotos en verdad representan apenas una fracción de todo lo que exhibe el museo. Hasta el primero de julio pasado, estaban en un local alquilado como sala de exposiciones que se mantuvo funcionando por poco más de un año. Allí hubo varias exposiciones, como una en homenaje a Steve Jobs, otra llamada “Play the Game” (ya se imaginan) y la última, “Hecho en Argentina”, donde se pudo ver computadoras, calculadoras y periféricos fabricados en nuestro país durante los locos años 80.

museo-de-informatica-02Ahora la mala noticia: la sala debió cerrar por falta de recursos.

¿Esto significa que perdimos el museo? Bajo ningún punto de vista. Hay dos subsuelos con depósitos atiborrados hasta el techo de amor retro, algunas cosas catalogadas y restauradas, otras a la espera, pero todas con un valor incalculable. Las máquinas llegan por donaciones principalmente, aunque no falta el golpe de suerte de encontrarse una consola antigua tirada en un volquete. Todas las adquisiciones se desarman, se limpian y se restauran tanto estética como funcionalmente y, si alguna está más allá de las posibilidades de reparación, se guarda como repuesto.

Nos quedamos sin lugar para ver estas maravillas porque por más que Carlos y Alicia salgan a tocar timbres de empresas y políticos, siempre reciben la misma respuesta: “Muy lindo el proyecto, pero no te podemos apoyar porque no hay plata”, o “no hay espacio” o “no hay productos para eso”. Y hablamos de empresas como Phillips negándose a donar lamparitas led para las exposiciones, o Unilever negando limpiador “Cif” para las restauraciones y el mantenimiento de los espacios. También hablamos del gobierno de la Ciudad y del gobierno nacional, que hacen oídos sordos al grito de auxilio de una fundación que para ellos no tiene ninguna utilidad aparente.

Las ideas para rescatar el museo sobraron, hasta se hizo una campaña de donaciones online con el objetivo de juntar el dinero para alquilar la sala por otro año, campaña de la que varios de nosotros participamos, aunque aún así no se pudo llegar al objetivo.

El cierre de la sala de exposiciones impide ver las colecciones, que eran accesibles cada semana con entrada gratuita para grupos escolares primarios, secundarios, y estudiantes universitarios que en conjunto con el museo hacían prácticas de restauración de plásticos. Además, vuelve imposible que los curiosos que pasaban a probar las máquinas puedan pagar el mínimo bono contribución de $10.

Sin duda es un paso para atrás, porque obliga al Museo a retomar las muestras itinerantes que venía haciendo hasta el 2012. Quizás algunos los recuerden en eventos como la primera y segunda edición de Tecnofields, donde armaban sectores por década con máquinas funcionales.

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¿Cuántos de ustedes estaban enterados del Museo? Este cronista se juega a que ocho de cada diez lectores no tenía idea de que tal lugar existía, ahí el por qué de esta nota. Tenemos un museo, NUESTRO, y creo que nuestro deber como comunidad es hacer fuerza para que esta iniciativa sobreviva. Cada uno desde sus posibilidades, por supuesto, participando en el Facebook del Museo –facebook.com/Fundacion.Museo.ICATEC–, contándole a un amigo de la situación, aportando donaciones monetarias o haciendo de voluntario al Museo, y si de casualidad nuestro tío es un pez gordo de la política, hincharle un poquito las bolas. Yo, al hablar con el magnífico Dan para incluir esta nota en [IRROMPIBLES] estoy intentando hacer mi parte, y cada uno debería preguntarse qué está a su alcance para dar un empujón. [N. de Ed: Y yo, el “magnífico”, siento mucha culpa porque hacía meses que venía postergando una nota sobre el Museo, que finalmente, cuando la podemos publicar, es para anunciar un traspié].

Yo siempre digo que un paso atrás es para tomar carrera, y espero que el Museo vuelva a tener una sala de exposiciones mejor y más amplia. Pero el panorama se ve difícil si no tienen el alcance necesario como para que la gente se entere de las muestras nuevas y las pueda visitar. ¡Como dijimos, es un proyecto hecho a pulmón, y se necesitan pulmones adicionales! 

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Si algunos lectores tienen posibilidades de colaborar con tareas de community management, marketing, gráfica, etc. no duden en escribir a info@museodeinformatica.org.ar para ofrecerse. De esta manera, cuando el Museo se ponga de pie, que pueda ser sobre pilares más sólidos. [i]

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