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[REVIEW] Okhlos

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Un poco de filosofía y caos

“¡Miren todos! Estos griegos solos, pueden más que un Minotauro ¡y son más fuertes que el Olimpo!” cantaría Fito Paez si fuese un personaje de Okhlos, el juego en el que podemos comandar una patota de filósofos iracundos capaces de desafiar a los mismísimos dioses.

¿Alguna vez sintieron remordimiento en romper objetos dentro del universo de un videojuego? Por alguna razón, así como podemos cometer otras mil atrocidades sin sentir culpa, no dudamos a la hora de destrozar jarrones, arrollar postes de luz o, en este caso, destruir viviendas. Los fichines asumen desde tiempos inmemoriales que nos gusta quebrar todo objeto que se deje, y nos recompensan sumándonos puntos o escondiendo ítems en ellos. Claro, si se rompe, no es irrompible.

Hay en eso de arrasar el mundo objetual a nuestro paso algo de desafío a la autoridad creadora, a ese dedo que puso esa cosa ahí, por más que seamos recompensados. La premisa detrás de Okhlos se cimienta en ese desafío a la autoridad: La Escuela de Atenas, aquí devenida en un lugar físico, es aplastada por el gran y oloroso pie de un dios no identificado, sin motivo aparente, matando a todos los que estaban adentro. Los filósofos, completamente indignados, deciden levantarse en armas y tomarse un poco literal eso de la oclocracia.

https://www.youtube.com/watch?v=7XD3Cw6KGEc

Guerreros, campesinos, esclavos, héroes, semi-dioses e incluso animales se unen a nuestras filas formando una masa de gente que destruye todo a su paso en su búsqueda por derrotar a los esbirros de los dioses, y luego, al propio Dodekatheon completo. Mientras más enojada la turba iracunda, más fácil es dejar todo el lugar hecho escombros, sin importar si se trata de Atenas, Esparta, Atlantis o el mismo Inframundo. Nosotros tenemos el control de un filósofo, líder de la turba. Eso sí, nosotros no nos manchamos las manos, por lo que debemos mandar a pelear al resto marcándoles el camino. Un stick para movernos, otro para marcar. Simple y fácil de aprender. Manteniendo un gatillo del control, la gente ataca, manteniendo el otro se bloquea. Apretando un botón corremos y la masa se disgrega, apretando el contrario, bajamos la marcha y el grupo se vuelve a unir. El resto de los botones está cada uno asociado a un ítem, los que sólo podremos cargar si contamos con esclavos.

Si nos falta algún tipo de unidad, no hay problema, porque cada cierto trecho se nos aparece un mercadito en el que podemos comprarla. Por ejemplo, podemos vender diez esclavos para obtener cinco guerreros, o viceversa, o cambiarlos también por héroes, personajes que tienen sus propios poderes especiales. Los filósofos en nuestra patota equivalen las vidas, por eso son los que más tenemos que cuidar. Cuando nos maten al último, game over.

El fichín recuerda rápidamente a otros títulos como The Wonderful 101, incluso Pikmin, o bien, yendo más a las bases, al famoso Katamari, ese donde ibamos armando una gran bola con todo lo recolectado a nuestro paso y destruíamos todo rapidito y sin piedad. Algo de eso hay en Okhlos: un deseo muy primario de romper, romper todo, y hacerse escuchar.

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¿Qué es lo que hace que toda esta pulsión sea más fácil de digerir? Dos grandes elementos, quizás los más importantes: el apartado visual y la música.

Comenzando por lo gráfico, el estilo 8-bits plano le sienta perfecto, creando este mundo pixelado que por momentos se siente de papel. Hay un intento a través del color de distinguir bien cada unidad entre sí, pero lo cierto es que ni todo el esfuerzo del mundo podría evitar que en pleno caos perdamos de vista a nuestro propio filósofo o no nos demos cuenta que nos mataron un par de esclavos hace un par de pantallas atrás. Es parte del caos, parte de la gracia, y hay que ir con eso.

En cuanto al apartado sonoro, para más de uno va a ser la pieza del juego que perdure en su cabeza por algunas semanas. No sólo acompaña a la perfección sino que en muchos momentos logra destacarse, incluso generando un perfecto clima 16-bits en las cutscenes. Las melodías, sencillas pero pegajosas se nos van a grabar a fuego y no nos vamos a cansar de escucharlas.

Okhlos tiene la duración justa: cuando nos estamos empezando a cansar, se termina. Su estructura es similar a la de un rogue-like, con escenarios generados en forma procedural. legamos hasta donde llegamos, y si perdemos, tendremos que comenzar el viaje de nuevo. Pero, hete aquí, que podemos arrancar usando a los nuevos personajes desbloqueados, lo que nos permite comenzar con algo de ventaja y finalmente, alcanzar la victoria. Al final de cada zona nos espera un jefe que parece invencible pero con una pandilla bien armada, podemos bajarlo sin problema.

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Como juego moldeado a la vieja escuela, guarda sus secretos: en los escenarios hay zonas ocultas ser fáciles de encontrar o requerir algo de perspicacia, en las que podemos visitar nuevos desafios a modo de bonus. Allí nos van a poner a prueba enemigos como el Minotauro o el Oráculo de Delfos, y nuestro premio por vencerlos será desbloquear más personajes. También podemos encontrar códigos ocultos que, al ingresarlos en el menú, nos activarán modos de juego especiales. Estos agregados le otorgan cierta rejugabilidad al título, intentando destapar todos los secretos y desbloquear los finales extra.

Otra gran característica del fichín es su sentido del humor. Aunque sus chistes no siempre logren hacer reír, al menos nos van a sacar una sonrisa y hacer más amena la partida. Las onomatopeyas que emergen en los combates son bastante peculiares. Hay descripciones en la Enciclopedia que son hilarantes y otras que podrían haberse pensado un poco más. Entre las cosas más divertidas, está el hecho de que los personajes que aparecen no necesariamente son griegos, hay hasta karatekas, bombas antropomórficas o el propio Gabe Newell. La versión en español se siente descuidada en algunos aspectos, con problemas de ortografía y puntuación, lo que es una pena siendo un título desarrollado en estos lares.

Okhlos comenzó su desarollo en 2012 y desde ese entonces mutó en casi todos sus elementos. Los años de trabajo se notan en el cuidado de varios detalles. Aunque con algunas fallas, Okhlos se siente una experiencia redondita que es demasiado divertida para andar fijándonos si somos o no fans del género, si nos interesa o no la mitología griega o si la idea alcanza realmente su potencial. Lo mejor es tomar el control, unirse a la masa y salir a patear traseros olímpicos. [i]

  • DESARROLLADO POR: Coffee Powered Machine
  • DISTRIBUIDO POR: Devolver Digital
  • GÉNERO: Acción, rogue-like
  • PLATAFORMAS: PC, OSX, Linux

CALIFICACIÓN

83%

QUÉ ONDA: Manejamos una turba iracunda a lo largo de varias zonas generadas en forma aleatoria, derrotando a las deidades que intentan detenernos. Un simulador de caos en la Antigua Grecia.
LO BUENO: El apartado visual y sonoro, el sentido del humor, la diversión de romper todo a nuestro paso y desafiar a los dioses.
LO MALO: El combate se vuelve confuso a veces, la rejugabilidad no es tanta, se puede volver repetitivo.
 

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