Reviews

Euro Truck Simulator 2: Vive la France! (DLC) [REVIEW]

euro truck simulator france review

A locomotora regalada no se le miran las ruedas

MI VUELTA AL VIEJO CONTINENTE no fue como el final feliz del sueño americano que esperaba. Encerrado dentro de un contenedor con agua, comida y algunas mantas, llegué después de un par de semanas al puerto de Roscoff en la punta noroeste de Francia, oliendo como la peste. Las puertas se abrieron y entró un chorro de agua helada que me empapó de pies a cabeza.

“Las pistas están ahí. Hay que saber encontrarlas”, me habían dicho o había pensado. “La locura está a la vuelta de la esquina”, había escrito o leído. El aislamiento continuaría, pero no por mucho más. Hasta el día anterior, no tenía futuro, sólo un angustiante presente. Pero entonces llegó de París —como la cigüeña— un mensaje que me devolvería al mundo de los vivos.

Terminado el baño forzado, alguien tiró un trapo, ropa y calzado. Todo usado, desgastado y con olor a pucho rancio. Dentro del pantalón había unas llaves que reconocí enseguida. Acostumbrada mi vista al sol del mediodía, alcancé a ver a mi viejo y querido Volvo FH16 que me esperaba unos metros más adelante, acoplado a un tráiler de 20 ruedas que soportaba una flamante locomotora de más de 60 toneladas.

Abrí la puerta, subí y encendí el motor. Ronroneaba como en sus mejores épocas —antes terminar encima de tres autos—. En el asiento del acompañante había unos papeles. Consignaban el destino, Niza —casi en la frontera con Italia, en el extremo opuesto del país galo—, y la fecha y horario de entrega, pero no la carga —más que evidente—, ni el nombre del cliente.

El GPS —”guía para zoquetes”, recordé esbozando una sonrisa, sin saber muy bien por qué— ya estaba listo. Arranqué dudando si sería capaz de transportar semejante bicho. Nunca había llevado algo tan grande y pesado, ni transitado aquella región. En mis mejores días lo único que había conocido de Francia era su capital —que no me había impactado para nada—. Sabía, sí, que los caminos podían ser estrechos y que atravesaban pueblos pintorescos.

El motor Volvo se esforzaba —se notaba y la paciencia no es mi fuerte— cada vez que arrancaba después de una parada o cuando tomaba alguna subida. Tardaba en alcanzar una velocidad aceptable. Los autos me pasaban como alambre caído, pero con respeto —siempre manteniendo una distancia prudencial— y curiosidad. No todos los días se ven locomotoras fuera de las vías.

euro truck france 1

Tenés que encontrarlo —me ordenaba aquella voz cavernosa, reforzando el imperativo con un fuerte apretón en la garganta.
¿A quién? —pregunté atónito, con un hilo de voz.
No te hagás el mico, sabés de quién estamos hablando. Del cobardika que nos mandó a todos pal’ otro lado y que vos conocés muy bien.
—Estamos hablando —
pensé en ese momento—. Somos más de dos en este lugar. No veo nada. Apenas si lo escucho lejos.

Para hacer mi viaje más ameno (y escapar a mis oscuros pensamientos) me dediqué a admirar el paisaje. Los ocres y grises de los poblados, contrastaban con el follaje verde y abundante. El atardecer teñía todo de rojo, amarillo y violeta. El efecto final era sobrecogedor. Si tan sólo pudiera bajar a tomarme unos mates y conversar con la gente.

Las continuas rotondas eran un calvario, por eso cuando se presentaban unos kilómetros de rectas sin pendientes, aprovechaba para pisar el acelerador, consciente de los posibles radares y multas. Pero qué me importaba. ¿Las iba a pagar yo acaso? En eso vi pasar un patrullero por la mano contraria. De aquella cuando me fuí, no se mostraban en este lado del Atlántico. En Norteamérica eran muy comunes y no dejaban de vaciarme la billetera, pero acá nunca los había visto. ¿Habría sido una casualidad? No.

Las multas comenzaron a amontonarse, pero no bajaba el ritmo. Un estremecimiento surgido de las profundidades de mis tripas, seguido por un aroma pútrido, me convenció de que era más importante cumplir con la hora de entrega que con la ley. Saliendo de Limoges, se ocultó el sol y decidí descansar dentro de la cabina. Se me hizo difícil conciliar el sueño sin las pastillas. No dejé de saltar camiones toda la noche hasta que ví los primeros rayos de luz colarse por los flecos dorados de la cortina.

Tenía que alcanzar Montpellier poco después del mediodía para mantener el ritmo. Me puse en marcha con los ojos todavía llenos de lagañas. El tráfico mutaba con el correr de las horas y la cercanía a los pueblos y ciudades. Todo me parecía ajeno, como si de una película se tratara. La Piaf y yo gorjeábamos uno de sus inmortales himnos. “¡Pe ma pogrrte, si tiu mee maaa! ¡Cagr muaaaaa vee mrrrre oosiiii!”, o algo así.

¿Y? ¿Vas a colaborar? Mirá que te vamos a estar controlando —Seguía con su mano en mi garganta.

No dije nada. Esperaba que aflojara un poco el cuello. Lo hizo y respondí:
Desde que me detuvieron en la ruta y hasta ahora, nunca me dijeron a quién buscaban. Me cansé de preguntarles y nada.
Está prohibido nombrarlo, no puedo decirte más. Pero vos lo conocés, y muy bien.
OK, acepto, aunque no tengo muchas opciones, ¿no?
Muahahaha, no —Fue lo último que escuché aquel día.

Con el mar Mediterráneo a mi derecha, rebosante de veleros y yates, entré finalmente a Niza. Encontrar el depósito al que me dirigía fue bastante fácil. Lo complicado fue convencer al tano de seguridad para que me dejara pasar.

Noi non lavoriamo con locomotive —me dijo en cuanto vio lo que estaba intentando ingresar.
Ma “acuí tengui” i documenti —respondí en una especie de cocoliche, mostrándole el remito.

Lo miró, al tiempo que se rascaba la cabeza con la antena del handy. Dudó varias veces, pero finalmente accedió:
Va bene, parcheggi là, che io chiamo il capo.

Se ve que el jefe no le atendía el handy, porque dejó su puesto y corrió al segundo galpón que se veía a la izquierda.

euro truck france 2

A los 5 minutos volvía el guardia, gesticulando. Mis ojos —todavía pegoteados— no podían distinguir a su acompañante, ni yo tampoco. De repente, todo a mi alrededor se sacudió. Por el retrovisor, alcancé a ver el cañón de lo que parecía un tanque —antes locomotora— apuntando directo a las dos personas que venían hacia mí. Entonces me sentí como Sinón en la playa de Troya, aunque ajeno a la estratagema.

Cuando por fin reconocí el rostro del “capo” en su gesto de espanto, un estruendo desgarró mis oídos. En ese mismo instante el pasado tomó cuerpo. Recordé y entendí: ¿Quiénes eran mis captores? ¿Por qué me habían elegido a mí entre tantos otros cuadrumanos? Y lo más estremecedor, ¿quién era el que seguiría a la parca en su viaje al más allá? Porque estaba claro que para él —o ellos, teniendo en cuenta al daño colateral— ya no había presente, ni futuro en este mundo. [i]


DESARROLLADO Y DISTRIBUIDO POR: SCS Software
GÉNERO: Simulación
PLATAFORMAS: Windows, Mac, Linux

QUÉ ONDA: Euro Truck Simulator 2: Vive la France! es otra expansión necesaria, con 15 ciudades francesas nuevas y muchos kilómetros para recorrer, con un detalle exquisito.
LO BUENO: Ciudades más grandes y detalladas con puntos turísticos reconocibles. Pueblitos rurales con una vegetación exuberante. Varias plantas nucleares para visitar.
LO MALO:  Recorrer algunos parajes en Euro Truck Simulator 2: Vive la France! puede exigir más a la PC. Las rotondas son molestas, pero no es culpa del fichín, Francia es así.

ACLARACIÓN: Para realizar este review también se utilizó el DLC Heavy Cargo Pack de reciente aparición con el que podemos realizar entregas de grandes tráileres con transformadores, locomotoras, grúas, bobinas de cable, etc. Un agregado imperdible para los amantes del buen volante.

El análisis de Euro Truck Simulator 2: Vive la France! fue realizado a través de un código de PC provisto por sus desarrolladores.

  • CALIFICACIÓN84%
84%

Escribe un comentario