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Resident Evil Village [REVIEW]

Una grande de terror, con pinceladas de libertad y lluvia de bichos.

Amanece y el frío me congela partes del cuerpo que no debería ni mencionar. Tuve un accidente y me arrastro hacia un pueblo en busca de ayuda, pero las casas están vacías y semi destruidas. En una de ellas, la pared parecía haber estallado y una mancha oscura me hizo pensar, que alguien había comido mucho guiso. Reí, pero un crujido a mis espaldas me asustó. Algo corre afuera y escucho un gruñido. Esa mancha era sangre, y el responsable estaba afuera, esperándome. Mi nombre es Ethan Winters, esto es Resident Evil Village y vengo a que me sigan pegando porque con el juego anterior, no me alcanzó.

Hace 25 años el primer Resident Evil nos sorprendía a todos, convirtiéndose en un clásico absoluto. Ese universo creado por Capcom crecería con infinidad de títulos y remakes. En aquel momento era el delirio de las revolucionarias consolas hogareñas, conocidas como Playstation. Resident Evil (Biohazard) contaba las desventuras de Jill Valentine y Chris Redfield que como miembros de S.T.A.R.S. investigaban la desaparición de sus compañeros y terminaban atrapados en una mansión infestada de zombis en Racoon City. 

Así, Capcom nos llevó a visitar esta saga unas 26 veces. Algunas fueron geniales y otras, absolutamente olvidables. Resident Evil 7 revivió con éxito un género en el que ya vimos CASI todo, dejando una ventana abierta para retomar si fuera necesario. Cuatro años más tarde entra Chris Redfield por esa abertura para arruinarle la vida a Ethan, una vez más.

El karma de Ethan

El pobre de Ethan no tiene paz. Pocas veces le pegaron tanto a alguien en la historia de los videojuegos. Pero contra todos los pronósticos, el tipo se las rebuscó para salir entero (bueno, casi) y rescatar a su amada Mía. 

De esta forma, la historia de Resident Evil Village retoma 3 años más tarde, cuando lleva a la cuna a su pequeña hija Rose y baja a cenar con su mujer. Todo es paz y tranquilidad hasta que Chris Redfield entra en escena. Pasan cosas (siempre horribles) que no quiero revelar para no arruinar las sorpresas, y nuestro héroe termina en un accidente muy cerca de un pequeño pueblo, perdido en la montaña.

Luego de arrastrarse por un bosque cubierto de nieve, descubre que en esa villa no hay nadie. Todo indica que algo pasó y todo luce tan violento que se nos comprime la entrepierna (y no por el frío). En instantes todo se convierte en un infierno y nuestro querido Winters termina envuelto una vez más en un delirio absoluto. Vampiros, hombres lobo, muertos vivientes, monstruos, y seres sobrenaturales, golpean, cortan y lastiman una vez más a nuestro héroe, que se sostiene en pie en un intento desesperado por rescatar a su pequeña Rose. Pero no olvidemos que esto es Resident Evil y tarde o temprano, todo pega un volantazo y esta locura se encamina en la dirección correcta.

Más Village que Resident Evil 

Capcom vuelve a hacer las cosas bien, y parte de ese mérito es por no quedarse cómodos en la fórmula que ya funcionó. El salto a primera persona fue una genialidad. Todo lo que le pasa a Ethan podemos sentirlo en carne propia, y aunque no le vemos la cara, logramos empatizar con él. Sus miedos son los nuestros, su terror nos pertenece y su desesperación nos envuelve.

En cuando al mundo, hasta ahora —con ciertas libertades— todo era relativamente lineal, pero el equipo desarrollador decidió levantar la apuesta. Podemos recorrer una y otra vez cada rincón, en busca de detalles o ítems que hayamos pasado por alto. Incluso la historia nos obliga a volver sobre nuestros pasos para abrir alguna puerta para la que todavía no teníamos llave, o abrir algún cajón para el que no había ganzúa. 

La villa es enorme y es solo el principio de un viaje por el que vamos a recorrer bosques, castillos, fundiciones o casas derruidas con el fin de desbaratar los planes de un grupo de villanos. A falta de un boss, tenemos que lidiar con cinco para encontrar a la pequeña Rose. 

Entre ellos, se encuentra Lady Dimitrescu una escultural vampiresa de tres metros y sus malvadas hijas. También, tenemos a Donna Beneviento y sus diabólicas marionetas, Salvatore Moreau con su particular aspecto y Karl Heisenberg con sus poderes magnéticos. Los 4 responden a Madre Miranda y todos se disputan la tenencia de la pequeña hija de Ethan. Para rescatarla, nuestro héroe resiste estoicamente golpes y torturas, como una cruza entre Wolverine y Terminator. Si le clavan algo o le cortan un pedazo, una salpicada del “Merthiolate loco” que lleva en el bolsillo, y acá no pasó nada.

Más shooter que Resident Evil 

La magia de Resident Evil no estaría completa sin un abultado arsenal y su clásica ausencia de municiones. Arrancamos con una pequeña pistola que nos da un habitante de la villa y un poco más adelante conocemos al Duque. Un tipo excedido de peso que aparece en los rincones más inexplicables, se dedica a comprar y vender chucherías. 

Este mercader va a convertirse en nuestro proveedor de pirotecnia y nuestro comprador de tesoros. Cuando matamos alimañas suelen dejar en el piso algunas monedas o algún objeto de valor que podemos venderle al Duque a cambio de nuevas armas, mejoras o municiones y medicinas.

Afortunadamente, no todo hay que comprarlo porque en nuestro camino también encontramos algunas cajas de balas, pólvora y cacharros con los que podemos fabricar municiones, o plantas y líquidos para hacer el “Merthiolate loco”.

Como en todo juego de la saga, los puzzles y la búsqueda de llaves están presentes, pero la posibilidad de mejorar las armas o craftear municiones, nos hace perder el miedo a los enemigos. Es muy importante recordar que nuestro límite, es la cantidad de balas y eso en Resident Evil, tarde o temprano, siempre escasea.

Fotorealismo, la nueva marca registrada 

Al meternos en la vieja casona de Resident Evil 7 y encontrarnos cara a cara con aquella familia disfuncional, pensamos que nada podía verse más horrible, retorcido y real. Capcom demostró que siempre se puede ir más lejos, y con los primeros pasos por la casa de Ethan con Rose en brazos, nos damos cuenta del gran trabajo que hicieron con Village.

La luz, los detalles de la madera, la decoración, los reflejos, los movimientos de los personajes, las texturas de la piel y por sobre todas las cosas, el pelo. Ahora Mia luce real y deja de parecer Medusa con su descontrol capilar. Y esto es solo el principio. Resident Evil Village explota de detalles y nuestros ojos no saben hacia donde mirar. Aplausos de pie para Capcom que lo hizo una vez más.

El día después de Resident Evil Village

Resident Evil Village es intenso pero es relativamente corto. La historia puede resolverse en unas 10 horas (12 en mi caso porque me gusta pasear y ver detalles). Al terminarlo podemos probar una vez más, aumentando el nivel de dificultad o intentando conseguir logros o trofeos que no hayamos obtenido en nuestra primera pasada. 

De esta forma, todos los puntos que reunimos, podemos invertirlos en ventajas para este segundo run, o comprando los modelos de los personajes para mirar con detalle. Pero ninguna de estas cosas es algo que realmente nos empuje a volver a sufrir otras 10 horas en los zapatos del pobre Ethan, sobre todo si ya sabemos que es lo que va a ocurrir y cuál es su destino. Esto es lo que hace mucho más atractivo el menú de extras.

Aquí encontramos videos sobre la creación de Village, las capturas de movimiento para las escenas cinemáticas, arte conceptual e incluso el storyboard de los cuentos. Un contenido que se agradece muchísimo, pero lo que se robó toda nuestra atención es el modo Mercenaries.

Esto es una baratija que se compra con los puntos de experiencia y termina convirtiéndose en una hermosa galería de tiro, en la que practicamos nuestra puntería y destreza con las armas. Básicamente tenemos que destruir cuanto monstruo se cruce por nuestro camino, en la menor cantidad de tiempo posible. Cuanto más rápido lo logremos, mejor será el puntaje. 

Por supuesto, hay combos por enganchar varias kills consecutivas, perks que mejoran nuestra performance o bolas que nos dan tiempo extra. También tenemos la posibilidad de huir sin terminar, una vez que completamos la mitad del objetivo. Con lo recaudado en cada pasada, podemos invertir en mejoras o armas, para que nuestra carnicería sea más rápida y efectiva en el siguiente round. Al término de cada mapa, nuestro puntaje total decide si somos acreedores a desbloquear un nuevo escenario.

Mercenaries no es una locura, pero es una ingeniosa maniobra para retener un tiempo más, a quienes no tienen las ganas o el coraje de volver a sufrir los periplos del pobre Ethan.

Para ir cerrando 

Resident Evil Village es intenso y amplifica con acierto cada genialidad de la entrega anterior. La historia es fuerte y enroscada, pero con esa conducción temeraria y acertada que la mantiene dentro del universo de Resident Evil. Village es más grande, más complejo y nos obliga a recorrer y explorar. La posibilidad de encontrar o generar municiones con más frecuencia, potencia las secuencias de acción y nos quita ese miedo a enfrentar a las criaturas. Pero al mismo tiempo, lo hace más vertiginoso y entretenido.

Ethan resuelve acertijos con una inteligencia increíble, pero en ocasiones sus ideas rozan lo ingenuo o ridículo. En un momento para escapar de un galpón en llamas, no tiene mejor idea que poner en marcha una vieja camioneta y avanzar a toda velocidad contra la pared… Ethan sabemos que la construcción no es muy sólida pero, ¿ Cómo se te ocurrió que era una buena idea?. 

Pero hagamos de cuenta que estos momentos pavotes nunca existieron. Capcom hizo todo lo demás MUY bien, con una historia muy sólida. Todo lo que parecía ir en sentido opuesto, termina cerrando con un moño. Una entrega enorme, en la que tiraron todo por la ventana, tanto que no sabemos como van a mejorar esto si hay un próximo. Pero esto ya lo dijimos hace 4 años, así que esperemos otros 4 y crucemos los dedos. [i]

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DESARROLLADO POR: Capcom
DISTRIBUIDO POR: Capcom, Capcom U.S.A., Inc.
GÉNERO: Survival horror
DISPONIBLE EN: PlayStation 5, PlayStation 4, Xbox One, Xbox Series X and Series S, Google Stadia, Microsoft Windows

QUÉ ONDA: Un nuevo y esperadísimo capítulo de la emblemática saga de Capcom.
LO BUENO: El increíble detalle gráfico, la historia, los personajes y el fantástico cierre de una historia que parecía ir en otra dirección.
LO MALO: Ethan y algunos de los personajes tienen reacciones infantiles e ingenuas pero somos capaces de perdonarlo.

Este análisis de Resident Evil Village fue realizado a través de un código de Steam provisto por sus desarrolladores.

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