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Prejuicio: el peor enemigo del gaming 

¿Esto SÍ es para mí?

 

Prejuicio. “No es mi tipo de juego”, “no es mi género favorito” o “eso no te lo toco ni con un palito” son algunas de las frases que yo mismo he usado. Porque lógicamente, quisiera tener tiempo para jugar todo, pero los días sólo tienen 24 horas y están llenos de obligaciones y eventos ineludibles. Estamos obligados a elegir.

Esto no es para mi

He pasado días completos trabajando, mientras en algún rincón oculto de mi cerebro, soñaba con volver a salvar al mundo esa noche. Como muchos, perseguí el prototipo de juego que me exigía más, o el que me transportaba por completo a otro lugar y me daba una experiencia diferente. 

Tengo una particular inclinación por los juegos de acción en primera persona, e inevitablemente me fumé hasta los más berretas y pedorros. Ocasionalmente visité juegos de estrategia, pelea, deportes e indies, pero siempre vuelvo a las raíces de la acción. Particularmente al viejo y querido Battle Royale por excelencia. 

En cuanto a los juegos de autos, siempre me declaré fanático de los Forza Horizon. Una saga infalible donde los mejores autos coinciden con paisajes increíbles y una sensación de libertad que nadie más puede dar.

Durante años me burlé de quienes jugaban Farming Simulator, por divertirse sembrando y cosechando pavadas o moviendo tractores a la vertiginosa velocidad de 30 km/h. ¿Quién puede soñar con una granja cuando se puede ganar una guerra, invadir un planeta o salvarlo de una amenaza?

Pero la peor parte siempre se la llevó uno de mis colegas, que como fanático de todo lo que tiene ruedas me habló maravillas de la saga de Euro Truck. ¿Qué puede tener de divertido manejar un camión, si nadie nos persigue y nos dispara? ¿A quién le importa transportar salchichas, repuestos o maquinaria agrícola? ¿No hay dramatismo ni acción, sólo una sucesión interminable de recorridos por distintas rutas? Prejuicio.

Un alfajor que podría ser para mí

Durante años me burlé de Fernando y su fanatismo por los camiones de Euro Truck o American Truck, pero el destino terminó haciendo que mastique cada una de mis palabras.

Hace unos días, el equipo de desarrollo puso a prueba la posibilidad de compartir una partida con amigos. Hasta 8 participantes pueden recorrer las rutas de quien hostea la partida y la posibilidad de armar una caravana con amigos era tentadora. Pero… ¿camiones? ¿llevar cosas? Le di vueltas y finalmente la curiosidad me ganó.

Bajé ambas demos y no podía creer lo que me estaba perdiendo. En minutos terminé atrapado en un vicio de camiones y rutas que jamás hubiera pensado. Pese al tiempo que hace que estos juegos se lanzaron, los rústicos gráficos de la demo fueron un cachetazo que desparramó todos mis prejuicios. ¿Cómo había dejado pasar semejante maravilla? Nunca imaginé que el sonido de encendido del camión mientras aparece el logo de Scania en el tablero, podían producir tanto placer.

No tardé en ser abrazado por esa sensación que sólo te da un viaje. La atención a los detalles de la ruta, respetar las velocidades para evitar infracciones, o buscar un lugar para que el chofer descanse, se convirtieron en la pasta base de este nuevo vicio que estaba por comenzar. Esta nueva sensación que estaba experimentando se capitalizó exactamente 3 minutos después cuando un amigo me lo envió como regalo. “Deje de sufrir y véngase a jugar, esto vale un alfajor” recitaba en tarjeta de regalo de Steam. Euro Truck Simulator 2 estaba en oferta, e increíblemente costaba casi lo mismo que un Cachafaz y menos que un Havanna.

Hoy recorro las rutas de Europa y USA en convoy, con la ventanilla baja y la radio bien fuerte. Aprendí que el preconcepto es el peor enemigo del gaming. Nunca digas “NO” sin antes haber probado. No dejes de probar algo que te parece que está bueno, aunque te digan que no es para vos. Que no te etiqueten, y tampoco te etiquetes vos.

Perdón Fer por tantos años de burla camionera y gracias Leonardo por este alfajor que me empujó a derribar un prejuicio. Nunca pensé que diría esto pero… creo que necesito un volante. Rolo, mi antiguo compañero de correrías ya recorre las rutas de American Truck y no quiero darle ventajas a ese mercachifle barato. [i]

 

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