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Second Life

Desde hace meses escuchaba rumores acerca de Second Life. Un fichín donde dicen, uno puede ser quien quiera y lo que quiera. Algunos prefieren ser uno mismo, otros lo que no pueden ser o lo que quisieran ser en la vida real. Lo cierto es que Second Life nos permite entrar en un mundo virtual donde podemos codearnos con gente de todo el mundo haciendo de las suyas. Luego de registrarse uno crea un personaje, eligiendo sus rasgos y su vestimenta para empezar a vivir una vida alternativa. En este mundillo se puede ser desde artista hasta bailarín o músico. Gente de todo el mundo entra noche tras noche a juguetear en esas tierras virtuales y hasta grandes organizaciones han puesto sus sucursales allí. Desde países que colocan sus embajadas virtuales hasta músicos frustrados que deciden hacer funciones a cambio de unas monedas. Este fichín no podía escapar a la lupa irrompible y decidí armarme de valor para poner nuestro sello en esas tierras virtuales. Rápidamente me hice de los gratuitos 30 megas que podían descargarse del sitio oficial. Si mikos, leyeron bien, es GRATIS. Claro, uno puede arrancar con unos dinerillos extra, pero para eso si hay que colaborar con billetes reales. El disparador fue una nota que transmitieron en un famoso canal de noticias. Una chica oriental contaba como su mediocre carrera musical era aplaudida y bien remunerada en Second Life, donde todas las noches daba un concierto. Tenía que ver eso con mis propios ojos. Lo cierto es que no fue tan sencillo como lo esperaba. Quizás estoy viejo y achacado, quizás la costumbre de entrar a los tiros en busca de algún trasero mediocre como el de Rolo influyó de modo negativo. Mi experiencia fue tan olvidable como la performance de Pierru en cualquier juego de acción. Después de renegar durante varios minutos intentando registrar un nick y recordando el password (si hay algo que tengo que hacer es agregar mas memoria ram en mi cerebro), pude ingresar al maravilloso mundo de Second Life, solo para descubrir que no era tan maravilloso. Mi personaje apareció en una isla tutorial donde explican las bondades del fichín. Pero como el irrompible es impaciente, ignorando carteles y consejos empecé a corretear por los senderos de la isla. Poco me interesaba saber como podía hacer que avatar estuviera mejor vestido, yo solo quería tontear en ese mundillo virtual, hacer dinero y gastarlo en idioteces. Descubrí con horror que no era tan sencillo, y mientras intentaba ponerme bigotes para darle un aspecto más varonil a mi afeminado personaje, veía sorprendido como algunos pasaban “flotando” delante de mis narices. Coño! Acaso se puede ser superhéroe también y volar con un traje azul? Yo también quería volar. Habiendo ignorado cualquier tipo de instrucción apenas si pude entablar una conversación con algún usuario, pero había descubierto mi vocación. La realidad es que no entendía nada y media hora después, mi muñecote seguía caminando a los tumbos golpeándose con los carteles mientras la gente corría y volaba a mí alrededor. Descubrí con horror que era un perdedor cuando luego de casi 2 horas logré encontrar el botón para sentarme. Definitivamente la vejez me había alcanzado y me vi retirándome al olvido del fichín como campeón del solitario de Windows o instructor de Buscaminas. Días después mientras defecaba sin nada que leer pensé que, si Rolo es capaz de volar un Boeing 747 en el Flight Simulator y aterrizarlo sin estrellarse mientras toma un te con medias lunas, por que no puedo yo ser un superhéroe en el Second Life. Me armé de valor y volví a entrar. Para esta segunda incursión me sentí confiado y seguro como Pierru estafando a un niño con una máquina usada. Mi personaje ya tenía bigote y sabía sentarme. Para ampliar mis conocimientos leí con apuro algunas indicaciones y comprendí que podía entablar conversaciones con un sencillo menú que se desplegaba con el botón derecho. Pero en lugar de hablar preferí emular a los hermanos Butabi de la película “una noche en el Roxbury”. Me paraba al lado de alguien y le refregaba mi entrepierna. Claro como este fichín tiene sus limitaciones y no existen los movimientos púbicos, la gente no entendía que clase de enfermedad padecía yo, parándome al lado y girando 10 grados a la derecha y 10 a la izquierda. Fuera de eso pude hacer una visita no guiada por el resto de la isla, observé a la gente charlar desde la terraza de un castillo, visité un museo y descubrí que estaba como en la serie de Lost, encerrado en una isla con gente desconocida y lejos de la civilización virtual que tanto ansiaba conocer. Fue entonces cuando descubrí el sendero que cambiaría el resto de mi estadía. Aquel caminito que me condujo al tutorial para aprender a volar. Finalmente podría ser lo que tanto ansiaba… un superhéroe. De pronto, el horror. Aquella epopeya que estaba a punto de comenzar a ser escrita mientras yo surcaba los aires de la isla tutorial se vio oscurecida por el archienemigo del hombre actual: Edenor. Un apagón me dejó en la oscuridad total durante toda una noche, y a mi futuro superhéroe en el limbo virtual. Varias manzanas de mi barrio quedaron iluminadas por la luz de las velas, porque nuestras compañías eléctricas no están preparadas para los miles de aire acondicionados que se venden a diario. Esa noche me dormí con el amargo sabor de la derrota y soñé que mi superhéroe era atropellado en el aire por Rolo en un Cessna. Yo le pedía explicaciones por semejante desprolijidad y el me contestaba: lo siento miko, pero tu vuelo no estaba autorizado por la torre de control, jijiji.

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