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Irrompibles vs. James Bond 007: NightFire

IRROMPIBLES VS. 007: NIGHTFIRE
HOY PRESENTAMOS: LA NOCHE DE LOS MARTINIS AGITADOS (NO REVUELTOS)

Otra noche “IN POSITION” (clave secreta con que un Irrompible convoca a otro Irrompible para cumplir con su deber: matar o morir, dependiendo de la astucia y habilidad del miko organillero en cuestión). Otra noche de picor informático. Y luego del frío y el barro que comimos en Stalingrado (Battlefield 1942), necesitábamos un poco de glamour y tragos largos para recuperarnos…

¿Y qué mejor que demostrarle al mundo que tengo más estilo que Moki, con el fichín de James Bond que lanzó hace unos meses Electronics Arts? Yo lo había jugado con mi vetusto modem en GameSpy días atrás, y el Farabute Mayor de la Prosa (Moki) lo había terminado en la modalidad Single Player (o eso decía él). A las 23:00 hs. del 17 de febrero de 2003, nuestros agentes se encontraron cara a careta (la cara es mía, la careta la usa mi archienemigo para no asustar con su verdadero rostro a Bigotín, su gato afeminado) en el nivel Austria (un imponente castillo/mansión) donde tuvo lugar la primera sesión fotográfica de la noche. Habíamos acordado no disparar una sola bala (como buenos caballeros británicos al servicio de su Majestad que somos).
Tomamos algunas fotos, bebimos martinis agitados (nunca revueltos) y nos guardamos lo mejor para el nivel donde se desarrollaría la verdadera acción: Office.
Moki hosteaba el juego, y mi ping oscilaba entre los 128 y 150. Nada mal, diría mi vetusto modem…

“Y los nominados a Miko del Agua son…”

 

Ya teníamos buen material para que las amas de casa se babosearan con nuestro porte masculino. Era hora de liquidar a ese miko rastrero y hacerle comer sus repetidas injurias hacia mi noble persona. La rata de albañal lucía un sofisticado esmoquin, y mi agente estaba arropado con el poco glamoroso uniforme Stealth. Como siempre, él era el fantoche en busca de los flashes y yo tenía el atuendo adecuado para realizar el trabajo sucio: agujerear su endeble cuerpo y recoger su kakita con pala…
Tomé una uzi que algún soviético descuidado había abandonado en las instalaciones, recogí unas granadas, coloqué el silenciador en mi pistola, y me oculté bajo una escalera a esperar a mi hedionda presa. Cuando escuché sus artríticos pasos, tomé mis anteojos de rayos x y lo vi descender los peldaños, justo sobre mí. Atravesó rápidamente una puerta, la cerró y yo lo seguí silenciosamente.
Tomé el picaporte, pero repentinamente la puerta se abrió y la luz del recinto me encegueció ¡porque no me había quitado los malditos lentes!
Dos tiros de fusil en mi cabeza pusieron el contador 1 a 0 (Miko 1 – Rolo 0). Sucia cucaracha de alcantarilla. Volví a cruzarme con el excremento de hámster (mi amigo) en un largo corredor. La rata iba de espaldas y había colocado cargas explosivas láser en la pared (como las de Duke Nukem, ¿se acuerdan?). Disparé sobre los mortales dispositivos y la o­nda expansiva lo arrojó contra una pared… me sacudió con su rifle sniper (¡cuándo no, rata camper!) pero mi hábil agente, acostumbrado a estos peligros, lo esquivó y le lanzó su carga de amor. Más humo y explosiones. ¡La geisha multiplayer se había esfumado! Hmmm… esto no olía nada bien (bueno, en realidad, nada que tenga que ver con Moki huele bien, empezando por Bigotín).
Caminé sigilosamente por los pasillos sin hacer el menor ruido. De vez en cuando, utilizaba mis Ray-Ban para espiar a través de las paredes. Nada. ¡Esperen! ¡Un escuálido esqueleto corría por el pasillo colgante del brutal rascacielos donde se desarrollaba el tiroteo! Me quité las gafas y corrí tras él. Vi que le disparaba como un negro de la noche a los vidrios del pasillo. Un resentido social, pensé. Mis granadores le picaban cerca. Y luego, la locura: el miko viejo atravesó un vidrio lanzándose al vacío ¡y utilizando una cuerda metálica se enganchó del ascensor que estaba en el otro extremo! (esa no la sabía, maldito monje calvo y obscurantista). Tomó un extraño maletín del piso del elevador y volvió a saltar al interior del edificio escapando de mi furia. Arrojé mi lanzagranadas y tomé una hermosa Itaka que reposaba junto a unos pocillos de café frío…
Escuché por mi Game Voice que el miko me llamaba a la sala de reuniones del complejo, porque quería mostrarme algo… hmmm… desconfiado, busqué el salón y tuve la precaución de ingresar por una puerta lateral.

¡Porque es gay como su tío!

Dos enormes mesas de directorio coronaban el recinto, y la KK doble cero (Moki) estaba parada en un pekenio estrado con micrófonos. Con el misterioso maletín en su poder.
Cuando me vio entrar, dijo en voz alta, como si le hablara a un auditorio repleto: “Y los nominados a Miko del Agua son: Rolo, por blandito. Peláez, porque rima con Pelele y Rodrigo, porque es gay como su tío”. Acto seguido, arrojó el maletín y éste se abrió enseñando una temible metralleta automática que comenzó a disparar sobre el cuerpecillo de mi aterrorizado agente.
Comenzó a sonar en mi cabeza la clásica música de Bond. Todo pareció ocurrir en cámara lenta. Salté sobre las mesas corriendo sobre ellas y recogiendo la munición que había desperdigada. Los vidrios de la sala estallaban hechos pedazos. Las balas repicaban en mis talones. Tomé el fusil automático que se hallaba en el extremo opuesto del salón (cuándo no) y me arrojé tras los asientos de cuero que estaban siendo agujereados como queso gruyere.
El calvo odioso reía y me arrojaba granaditas por sobre las mesas. Una impactó cerca y mi 007 salió despedido al vacío, cayendo desde un piso 25, si no conté mal en la caída… Moki 2 – Rolo 0.

Mi nombre es Pong. James Pong…

Así me sentí el resto de la noche. Como Pong, la pelotita del primer juego electrónico de la historia, golpeado y revoleado de un lado a otro insensiblemente. El maldito italiano realmente había terminado el fichín y conocía todos los recovecos y armas disponibles. El contador mostraba un abultado resultado en su favor.
Pero la venganza no tardó en llegar: fui a pedirle, lapicera en mano, un autógrafo diciéndole que era mi héroe, y cuando se acercó para dármelo (miko vanidoso, jeje) le lancé la pluma venenosa del bolígrafo en el cuello. Cayó fulminado automáticamente. No gané la partida, pero maté al 007 con una patética 303… jiji. He dicho. Y recuerden, jóvenes alimañas: “Si se rompe… no es Irrompible.”

 

Por Rodrigo “Rolo” Peláez
Febrero 2003

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