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King Kong

KING KONG
CUANDO EL TAMAÑO SÍ IMPORTA

En una isla perdida en el tiempo, donde el ecosistema aún soporta el peso y la ferocidad de las bestias de cincuenta toneladas que reinaban en la prehistoria, un enorme gorila de diez metros de altura recibe el regalo más inesperado de su vida: una Barbie de carne y hueso. Ella da alaridos, apresada en su puño, pero él la mira fascinado y le pone cara de mono buenote. Y se enamora.
Tiempo más tarde, la trágica historia se ha vuelto un clásico. Todos jugamos a Donkey Kong, y los más viejitos recordamos las maravillosas escenas de aquella película, en especial la de 1976.
Hoy, casi treinta años después, el rey gorila vuelve a hacernos temblar de emoción y aventura en una de las películas más esperadas. Y, con él, también llega el videojuego para todos los sistemas.


La película estrenada por estos días es la nueva locura de Peter Jackson, el director de la trilogía de El Señor de los Anillos. En ella, casi al igual que en el filme original de 1933, un cineasta de nombre Carl Denham y su equipo se embarcan a la Isla Calavera, a rodar una película. La protagonista del filme es la rubia Ann Darrow. Y todo va bien –naufragio más o menos– hasta que la actriz es capturada por los nativos y ofrecida en sacrificio a Kong. El gorila, ni lerdo ni perezoso, se va a los saltitos al corazón de su jungla prehistórica, feliz con su suerte. Pero Jack Driscoll, Carl Denham, y otros supervivientes, se aventuran en busca de la chica, mientras tratan de llegar a un lugar donde puedan ser rescatados por la tripulación del barco. La isla es como una gigantesca trampa repleta de bestias: cangrejos, arañas, escorpiones, ciempiés, murciélagos… todos de un tamaño para huir como desesperados. Desgraciadamente, no son los únicos animales a los que temer: la Isla Calavera es el hogar de unos simpáticos carnívoros gigantes: velocirraptores que cazan en pareja, brontosaurios hambrientos con dentaduras como cuchillas, y lo peor, manadas de Tiranosaurios Rex con menos paciencia que Moki con su bebé.

La película, como pueden imaginar, es un espectáculo visual y auditivo, hecha con las más modernas técnicas de animación digital y toda la magia capaz de generar Weta Workshop, el estudio neozelandés de donde también salieron los elementos y escenarios para El Señor de los Anillos. La producción es sorprendente, y todo se ve y se siente tan colosal como debe ser tratándose del rey de los micos. Si no la fueron a ver, vayan y bien contentos, que se las recomendamos fervientemente.

El juego oficial
Así de espectacular como es el filme, resulta el juego de Ubisoft. El secreto: tuvo dos directores geniales, el propio Peter Jackson, quien aportó su experiencia para las tomas de cámara y escenas de acción, más todos los diseños de la película; y Michel Ancel, el creativo detrás del excelente Beyond Good and Evil, un francés que sabe mucho sobre game design.
¿Cómo es King Kong, el Juego? Casi igual que la película. El 90% de la acción es en la isla, mientras que el final es en New York y en el Empire State Building. Dura menos de ocho horas; es decir muy poco, pero es un tiempo muy, muy entretenido. La aventura está contada con montones de scripts; van pasando diferentes cosas a medida que avanzamos. Se controla a Jack Driscoll casi todo el tiempo, pero en media docena de veces tomamos la personalidad de Kong.
Siendo Jack, vamos a veces en compañía de Carl Denham, el capi Hayes, el joven Jimmy y Ann. Ellos se comportan como jugadores reales, ayudando a Jack, dándole armas, protegiéndolo o pidiendo ayuda a los gritos. A veces, Ann estará con Kong, otras veces la verán huyendo para que no le mastiquen el trasero. Aquí se juega en primera persona, con las armas que Jack va encontrando (las que le arroja un hidroavión), y con lanzas aborígenes o improvisadas con huesos de animales. Las armas de fuego son un revólver, una escopeta, una Thompson (estamos en 1923) y un rifle francotirador, aunque uno siempre anda con pocas balas. Las lanzas y huesos se pueden encender para quemar los arbustos de espinas que impiden continuar el camino (y de paso, a veces, librarse de los bichos que se le vienen encima al grupo de supervivientes). A veces hay que figurarse cómo encontrar fuego, o cómo mantenerlo ardiendo.
Jugar como Jack es buenísimo. Las bestias atacan con furia, y si aciertan a morder o lastimar, la pantalla se vuelve roja, indicando que una nueva herida matará a Jack. Unos segundos bastan para que Jack se recupere, afortunadamente. No hay mira, a menos que se active en el menú de opciones; tampoco hay indicador de munición, si no se activa; Jack dice en voz alta cuántos cargadores le restan (el juego está íntegramente en castellano). El resultado es una experiencia de inmersión en la aventura como muy pocos juegos lo consiguen.
Las mejores escenas de acción son las que tienen como enemigos a los enormes Tiranosaurios Rex. Están perfectamente logradas. Siendo imposible matarlos, la única salvación es huir con todas las piernas, esconderse, o distraerlos matando algún animal cercano para tener tiempo de refugiarse. Los terribles carnívoros rugen con una violencia increíble. Huelen el aire, buscando su presa, y son capaces de embestir un puente o un montículo de rocas hasta destrozarlo con el fin de abrirse paso. Realmente impresionantes, lo mejor del juego.

Kong
Jugar con Kong es diferente. En este caso se juega en tercera persona. Kong es un gorila de diez metros de altura, y por tanto cuando cae al suelo hace temblar todo. Golpea muy duro con sus garras, y tiene una serie de combos simples, pero efectivos. Sólo él puede contra los fabulosos Tiranosaurios. Pelea y golpea hasta tumbarlos, momento en que los puede apresar y –dándole como locos a un botón determinado, según el sistema– alzarlos sobre su cabezota y arrojarlos al suelo, o quebrarles la mandíbula, o el cuello. Castigando un botón, Kong puede entrar en modo Furia, con lo que un filtro ámbar tiñe la imagen; en ese estado, que dura unos breves segundos, el gigantesco animal golpea con mayor fuerza y las escenas se ponen en cámara lenta. ¡Excelente! Además puede trepar por los flancos de las montañas, balancearse en salientes y romper murallas, columnas de roca y aldeas completas. Ya en New York, es capaz de levantar carros y aplastar aviones como si fueran simples mosquitos. Es un miko poderoso.

Skull Island
En todas las plataformas (el juego salió para PC, PlayStation 2, Xbox, GameCube, y la flamante Xbox 360; y lo hizo en simultáneo en todos los idiomas y regiones del planeta), King Kong es un juego que sorprende por sus gráficas y su extraordinaria dirección de arte. Es como estar dentro de la película. Los escenarios prehistóricos de la Isla Calavera son tan bellos como tenebrosos. Colosales construcciones, abandonadas y en ruinas, forman un entramado de senderos de piedra y aldeas habitadas por bestias feroces. El océano rompe contra los riscos dentados, por donde se filtran los rayos del sol, y a menudo caen repentinas tormentas mientras el grupo de aventureros se abre camino. Los paisajes son increíbles, y están acompañados de música instrumental con toda la o­nda de la aventura.
En una de las más memorables escenas, Jack y sus demás llegan a un valle, al atardecer, y desde la niebla dorada ven aparecer a una manada de braquiosarios. Es una escena tan hermosa que uno se queda viendo pasar los inmensos animales de cuello largo. Recuerda mucho a lo visto en el Parque Jurásico de Steven Spielberg.
Los personajes, en tanto, son réplicas exactas de los actores de la película. ¡No sólo el rostro, se parecen hasta en la manera de caminar! Visualmente, King Kong es un espectáculo en todos los sistemas. En PS2 y GameCube se ve igual de excelente, en Xbox hay mejor detalle en las texturas y la iluminación; pero donde realmente el juego brilla en todo su esplendor, que es mucho, es en Xbox 360. Es cierto, aún casi nadie tiene la nueva consola en nuestro país, pero para cuando la tengan, no olviden este juego. Es un poco más caro que las demás versiones, pero la superioridad gráfica vale cada centavo. En PC se ve muy similar a la versión de Xbox 360, aunque necesita un GPU de alto rendimiento. Los requerimientos mínimos son un AMD Athlon o Intel Pentium III de 1.0 GHz, 256 MB de RAM y video de 64 MB; pero así anda apenas. Los recomendados son más felices: Athlon o P4 de 2.5 GHz, 512 MB de RAM y video de 128 MB.

¿Defectos? Kong los tiene: Es una aventura increíble, pero muy breve. Ciertas escenas se repiten demasiado, especialmente en las que Kong debe apartar una columna de roca que le impide el paso. Algunos jugadores quizás hubieran querido más tiempo con el control del gorila. Los dos niveles finales en la ciudad son demasiado fugaces, prácticamente hubiera sido lo mismo que fueran una animación. De todos modos, el resto es una maravilla.
Sea en el sistema que sea, King Kong llegó pisando fuerte. No se lo pierdan.

*** * ***

EXTRAS
¡Sigan leyendo a su propio riesgo!

Los Extras
A medida que se recorre la aventura en la Isla Calavera, se van abriendo regalos en el menú de Extras. Hay museos virtuales donde se exponen estatuas y pinturas (los bosquejos de los artistas de la película), filtros para ver el juego en tono sepia como las viejas películas de los años 30, o en alto contraste; también aparecen el trailer de la película, y una entrevista a Peter Jackson (en inglés pero con subtítulos en español). Obtener 250 mil puntos en el juego ofrece la posibilidad de luchar con Kong para terminar con otro final.
Ingresando en la web del juego (www.kingkongthegame.com) el código en pantalla, se destraban más Extras y se sube en el ranking mundial.

Una rubia para morir por ella
Preciosas, las diversas rubias platinadas que volvieron loco a Kong a lo largo de su historia tienen algo en común: piensan que el tamaño no importa. Desde la fabulosa Jessica Lange del film de 1976 hasta la actual Naomi Watts, siempre destacaron por ser mujeres de una extraordinaria belleza. Es el caso de Naomi, que interpreta a la valiente Ann Darrow.
Naomi nació en 1968 en Inglaterra, y se crió en Australia. Actúa hace 15 años en diversas películas. Quizás puedan recordarla de “The Ring” (2002), o “21 Grams” (2003). Los más viejitos podrían recordarla de “Tank Girl” (1995).
Es indudable que con mujeres de esta belleza, no hace falta estar encerrado en una jungla con nativos y tiranosaurios para golpearse el pecho y gritar como bestia.

Kong en la historia
A principios de 1930, muchos productores de cine buscaban una historia que tuviera el éxito de “El mundo perdido” de Sir Arthur Conan Doyle, una película de aventuras donde unos expedicionarios luchaban por sobrevivir en un escenario plagado de bestias prehistóricas. Fueron los norteamericanos Merian C. Cooper y Edgar Wallace quienes crearon entonces la historia que hoy recordamos como un clásico. En ella, un cineasta llamado Carl Denham iba a la Isla Calavera a filmar a Kong, un gorila gigante que los nativos adoraban como un animal sagrado. Ann Darrow y John “Jack” Driscoll forman parte de la expedición, pero Ann es capturada por los nativos y ofrecida en sacrificio a Kong. El monstruo se la lleva al interior de su selva, y Jack y parte de la tripulación del barco que los llevó a la isla van en misión de rescate. En el camino, son atacados por varios tipos de dinosaurios. Eventualmente, capturan al gorila y lo llevan a la civilización, donde lo exhiben como un fenómeno, hasta la escena final en el Empire State Building, entonces el edificio más alto de la Tierra.
Esta película de 1933 fue una de las aventuras más impresionantes de su tiempo, y a partir de ella se hicieron varios proyectos, continuaciones y remakes, algunos en países remotos como Japón y la India. Así, se conocieron “El hijo de Kong” (el mismo año 1933), “King Kong vs. Godzilla” (1962), “King Kong, las series animadas de TV” (1966-69), “El escape de King Kong” (1967), la impresionante “King Kong” (1976) del director Dino de Laurentiis (¡esa la vimos en el estreno!), y “King Kong Vive” (1986). Gracias a todas estas películas, el pobre monazo tuvo hijos, novias gorilas, enemigos de su misma estatura, cirugías de corazón y un sin fin de problemas. Aunque el final siempre fue básicamente el mismo.



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