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Lysfanga: The Time Shift Warrior [REVIEW]

Érase una vez… y érase una vez… y érase una vez…

Érase una vez, en un universo muy, muy lejano, una civilización estaba constantemente en guerra con unos seres monstruosos, unos demonios conocidos como Raxes. Estaban perdiendo cada batalla contra estas abominaciones, cada vez más cerca de la extinción. Fue entonces cuando su reina se sacrificó y, mediante un ritual que la despojó de su mortaja humana, se convirtió en Diosa. Pero no cualquier Diosa, sino la mismísima Diosa del tiempo. Así, congeló y paralizó durante toda la eternidad (o así lo creía ella) a una de sus principales ciudades, Antala. Aquí estaba casi toda la población de Raxes, de manera que el conflicto terminó rápidamente. Ahora, en Lysfanga: The Time Shift Warrior, las fuerzas del mal parecen retornar del letargo. ¿Adivinen a quién le toca salir a patear traseros de demonios rebeldes?

Luego de la ascendencia de la reina, en cada generación nace un poderoso guerrero, un “Protector del pueblo” o, como se lo conoce en este universo, un “Lysfanga”. Cuando muere, el título pasa al siguiente y, de esta manera, el ciclo se repite desde hace siglos. Pero ahora ocurrió algo extraño e inédito: dos mellizos están postulados para el título.

Tras un periodo de incertidumbre, la Diosa finalmente se decide por el personaje que controlamos. Ella se llama Imë y será la nueva protectora del reino. Claro que, tras el anuncio, nuestro hermano se marcha sin dejar rastro. ¿Enojado? ¿Decepcionado? ¿Buscando su propio destino ahora que sabe que no será el “elegido”? ¡La duda permanece y se las dejaré flotando en el aire, para no incurrir en ningún spoiler!

Así, con nuestro nombramiento aún fresquito, nos llega la noticia de que los Raxes están comenzando a romper el hechizo que la Diosa del Tiempo lanzara en su momento, sobre la ciudad de Antala… ¡Decenas de generaciones de Lysfangas bajando gatitos de los árboles y justo nos toca el bardo a nosotros! Pero no se preocupen, que la Diosa sabe que nos tocó lo peor del “baile” y está dispuesta a “dar el extra”.

Bendecida fue la causa de mi fortuna

Apenas llegamos a la ciudad de Antala, la Diosa nos para en seco y nos ofrece un “ayudín divino”. Sabiendo que la vamos a tener complicada, nos otorga un poder sobre el cual, de ahora en más, girará toda la jugabilidad de Lysfanga: The Time Shift Warrior. En resumen, tenemos la posibilidad de retroceder el tiempo pero, al hacerlo, vemos a nuestros “otros yo” previos a esta manipulación temporal.

Quizá esta explicación, que es lo que propone el juego dentro de su lógica narrativa, resulte más complicada. De manera que voy a darles mi versión, que es lo que ocurre en la práctica. Antes que nada, cabe explicar que Lysfanga: The Time Shift Warrior se plantea y se juega como un hack ‘n’ slash con perspectiva isométrica. Pero, en realidad, estamos ante un juego que desafía nuestro ingenio y se mete de lleno en el terreno de los puzzles.

Rompiendo cabezas contrarreloj

Lo anterior tiene que ver con que, al recorrer los escenarios, los enfrentamientos con enemigos se dan en arenas limitadas. Los demonios no pululan de aquí para allá a sus anchas, sino que, mediante unos marcadores, siempre sabemos cuando estamos por detonar un encuentro. Así, al entrar en la instancia de combate, el tiempo se detiene y podemos hacer un paneo del lugar para ver el planteo enemigo. Aquí es donde debemos planificar nuestros movimientos y el uso de nuestros “clones temporales”.

Ocurre que cada vez que activamos una arena, comienza a correr un tiempo límite. Cuando llega a cero, un cristal de energía inestable estalla y barre todo el escenario, nosotros incluidos. Pero, como tenemos el poder de la diosa en nuestro cuerpo, el tiempo retrocede hasta el inicio del combate. Y aquí el eje central del juego: nuestra instancia anterior, nuestro clon, permanece y vuelve a ejecutar todas las acciones previas. ¿Nos volvimos a quedar sin tiempo? Vuelta a comenzar, pero ahora con los dos clones ejecutando cualquiera sea la estrategia (o los sopapos) de sus propios loops temporales. Nuestro objetivo es eliminar a todos los enemigos en el tiempo (¿o “los tiempos”?) límite.

Por supuesto, la cantidad de clones (o de retrocesos de tiempo) que tenemos a disposición es limitada. Si no pudimos matar a todos los enemigos y nos quedamos sin este recurso, ¡chau! Claro que estos poderes no son los únicos con los que contamos. Por un lado, la cantidad de instancias de retroceso pueden ser aumentadas, como también poderes tales como una bomba que junta a nuestros enemigos en un solo punto o una potente explosión que rompe todo a nuestro alrededor, entre otros.

Complicando cada vez más la cosa

Como cabe de esperar, si nosotros nos volvemos cada vez más poderosos es porque los enemigos también lo hacen. Al principio, nuestros enemigos son muy básicos y basta pegarles unos sopapos para vencerlos. Pero luego, las arenas comienzan a complicarse. Por ejemplo, hay enemigos que están unidos por una conexión mística y solo pueden morir si son ejecutados al mismo tiempo. Con estos, solo cabe matar a uno de ellos en un loop y, en el siguiente, sincronizar nuestros golpes con los de nuestro clon previo.

También hay enemigos que portan enormes escudos, donde nada podemos hacer si los atacamos de frente (y se dan vuelta muy rápido, los muy cretinos). Aquí la táctica es entretenerlos con un primer clon y luego, en otro loop, meterle todos los golpes posibles por detrás. Así, a medida que el juego avanza, se incorporan nuevos demonios, cada uno con una particularidad que obliga a utilizar distintas tácticas temporales. Y, cuando todos se mezclan en la misma arena, el desafío va en aumento.

Por si fuera poco, cada una de estas arenas tiene un “tiempo desafío” para completar, el cual es significativamente menor al tiempo límite. Al principio es fácil de cumplir con este objetivo adicional, pero luego requiere que analicemos muy bien el entorno antes de comenzar a combatir, sacando partido de cada uno de nuestros recursos disponibles. Lo mejor de todo es que no hay una sola forma de completar cada arena, lo cual añade una dosis de rejugabilidad al título.

¿Vale la pena dedicarle nuestro tiempo?

La respuesta es sí, es un juego muy entretenido y original. Tiene una estética muy bonita y es muy divertido y desafiante. Claro que no deja de tener cosas que me parecieron un poco flojas. Por un lado, el combate no está mal, pero muchas veces da la sensación de que no importa que combo metamos, todo tiene el mismo resultado.

Por otra parte, con este planteo de “arenas de combate”, hace extremadamente aburrido recorrer el mundo. Es decir, en Lysfanga no ocurre nada, pero NADA, mientras vamos de aquí para allá. El escenario se convierte en algo artificial y sin vida, puro cartón pintado. Podemos encontrar recompensas ocultas si exploramos, pero terminan resultado el único motivo por el cual hacemos esto, no porque sea divertido (lejos está de serlo).

Así y con sus pocos puntos en contra, les recomiendo mucho este Lysfanga: The Time Shift Warrior. Una propuesta muy original, que no se desgasta y se mantiene muy interesante de principio a fin. Y de nuevo…

Y de nuevo…

Y de nuevo… [i]


DESARROLLADO POR: Sand Door Studio
DISTRIBUIDO POR: Quantic Dream
GÉNERO: Hack ‘n’ slash, puzzles
DISPONIBLE EN: PC, Nintendo Switch.

QUÉ ONDA: Déjà vu y trompadas.
LO BUENO: Muy original mecánica. Linda estética. El desafío y la diversión se sostiene y se reinventa a lo largo del juego.
LO MALO: La exploración del mundo es aburrida.

Este análisis de Lysfanga: The Time Shift Warrior fue realizado a través de un código de PC provisto por sus desarrolladores.

  • CALIFICACIÓN75%
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