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Irrompibles vs. Mount & Blade: Warband

 Irrompibles vs. Mount & Blade: Warband

Maldigo a Rolo. Esa duendecillo blancuzco y desteñido que habita bajo las baldosas y que se asoma sólo cuando las condiciones le resultan propicias. Desaparece durante meses y reaparece en la redes cuando necesita alimentar su ego. Algo así como una paloma hambrienta que se acerca peligrosamente a su enemigo, apenas para llevarse un mendrugo de pan en el pico. Un ave tan estúpida como peligrosa. Y si no creen peligrosa a la paloma, prueben sentándose a leer bajo algún alero o cornisa donde anidan. Lo más probable es que no pasen ni 15 minutos hasta darse un baño de caca. Las palomas son pequeñas bolsas vivientes de guano, y Rolo… es pequeño y es cagador. Rolo es paloma.

Después de meses de no batirnos en las redes, aprovechó una comilona en su casa para cagarme la vida. Lo digo así nomás. Sin filtro. Creo que fue una jugarreta para interesarme en el único juego en el que tal vez él podría tener la ventaja.

Lo intentó hablando maravillas, sin éxito; aunque consiguió llamar mi atención haciendo una demo él mismo. Y como una trucha hambrienta… piqué. Piqué como nunca en la vida había picado con un fichín. Piqué tanto que terminé haciendo una nota de Mount & Blade: Warband y entablando una buena amistad a la distancia con uno de sus game designers: Mikail Yazbeck.

Quizás fue parte de un maquiavélico plan de Rolo para que yo mismo propusiera una aventura irrompible, y que además se la diera con yapa. Porque aquel sábado, Rolo y yo nos dimos el lujo de jugar por primera vez con uno de los responsables de diseñar el fichín que nos había quitado tantas horas de sueño. Aquel sábado, Mikail jugó con nosotros.

Pero no podíamos quedarnos con la alegría en privado y como buenos cholulos mediáticos necesitábamos testigos de que esa partida realmente ocurrió, de modo que invitamos a los cinco ganadores del concurso Warband a estrenar sus flamantes números de serie. Trigodón y Master Blaster acudieron y se ganaron esa noche la jineta irrompible.

 

Yo quiero tener 1.000.000 de framigos

Mikail cerró uno de sus servidores oficiales para la partida en algún lejano rincón del planeta, donde todos teníamos unos cómodos 170 de ping promedio. La lucha esta vez sería pareja. El password para entrar en ese recóndito paraje de Calradia era “warbandito”.

Sonó el teléfono y el petinto de Rolo me pedía instrucciones disculpándose por su ya clásica llegada tarde. Minutos más tarde, nos encontramos en el servidor donde Trigo, Master, Mikail y uno de sus flamantes diseñadores esperaban con impaciencia. Nuestra lucha estaba a punto de hacer historia. Seríamos el primer medio de prensa en relatar una partida multiplayer contra los desarrolladores del juego al que estábamos por jugar. En Buenos Aires las agujas acariciaban las 19:00 y en Ankara era la una de la mañana.

Primero era lo primero, y eso por supuesto consistía en documentar nuestra partida, con lo que –después de varios intentos para ponernos de acuerdo– coincidimos desarmados en el muelle de un pueblo frente al mar.  Si reunirnos fue una proeza, lograr que no se mataran entre ellos era algo impensable. Imaginen a cinco monigotes haciendo una desprolija e inquieta fila y a un estúpido mirándolos (que vengo a ser yo, intentando sacar alguna foto que sirviera) mientras les gritaba instrucciones en broken English.

Sorteado este escollo (que más que escollo fue un murallón) tomé la delantera con mi primer golpe bajo. “Pictures done. We can fight now!”, grité, y tras ese rápido y escueto mensaje le hice una raya al medio a quien tenía enfrente, tomando la delantera de la manera más vil y baja. Y sí, lo reconozco, tanto tiempo llevo jugando con la ratita de Rolo, que algunas de sus artimañas se me pegan de manera involuntaria. Aquel golpe bajo desató un pandemonio en el que, por supuesto, me las arreglé para tener la mejor tajada.

En el inicio de la batalla, me equipé con la mejor armadura que mi bolsillo podía comprar (que por supuesto, me protegía como un paraguas de $10 de Retiro en medio de un huracán) y un viejo y destartalado escudo colgado a mi espalda, que serviría para protegerme de los golpes cobardes de Rolo.

En mis primeras apariciones, participé en acalorados combates con Trigo y Master. Combates que eran turbados por un demencial Rolo a caballo, que como un tábano, rondaba constantemente zumbándonos con su hacha en los oídos. En medio de la confusión, Mikail logró colar su lanza y me dejó con la cara enterrada en el suelo y mi trasero apuntando al cielo como rindiendo culto (o culo) a Alá.

Corrí nuevamente al combate sacudiendo el hacha como un niño enloquecido. Un hacha que finalmente se enterró en la carne virtual de Trigo, quien intentaba sin éxito rodear mi posición para peinarme de espaldas con su lanza. Cargado de adrenalina, corrí hacia un tímido personaje que bajaba desde el pueblo cubriéndose con su escudo, tras el cual solo asomaba la punta de su espada y un ridículo corte de pelo al estilo del “Príncipe Valiente”. Como un boxeador retirado que vuelve al ring, empecé a bailar a su alrededor sacudiendo el hacha para obligarlo a cubrirse y encontrar el momento para atacar. El tercer hachazo lo sorprendió de espaldas y lo dejó tendido como un turco que besa la tierra después de años de ausencia de su madre patria. Y nunca una muerte acertada, ya que quien acababa de morder el polvo era el compañero de armas de Mikail. Envalentonado, me di vuelta y le hice frente a alguien que venía a caballo y que me golpeó tres veces. En medio, Master Blaster corrió a empalarme con su lanza, pero Alá parecía estar de mi parte, y el filo de mi hacha alimentó mi sed de sangre. Libre del molesto agresor, volví mi atención a mi enemigo original, que desapareció entre las casas sobre su corcel. Estaba claro que alguien que huye cuando las condiciones del combate lo favorecen, es un cobarde documentado. Estaba claro que ese cobardika sólo podía ser Rolo. Decidí olvidarme de ese duende motorizado y dedicar todos mis esfuerzos a devolverle gentilezas a nuestro agradable anfitrión, Mikail Yazbeck.

Corrí enloquecido hacia la playa  y divisé al payaso de Rolo a caballo, en el agua. Desesperado, corrí para obligarlo a bajar cariñosamente pero, adivinando mis intenciones, huyó a sacar tajada de Master y Trigo, quienes peleaban por su vida en el muelle. Master cayó con estilo, y Trigo tras él, con uno de mis certeros hachazos. Finalmente, alcancé a Rolo, que había subido con su caballo a un barco y estaba tropezando en la cubierta con todo lo que estaba a su paso. Si imagino un ciego a caballo, imagino a Rolo en ese momento. Fueron los dos hachazos más felices de la noche, los que mandaron a este mercachifle barato a bailar al Valhalla. Lloré. Lloré de risa y mientras intentaba componerme, reapareció Mikail, quien finalmente se encontró con el abrazo mortífero de mi hacha y fue como ese panqueque empalagoso que cierra la espectacular panzada de frags que acababa de darme. El resto del combate fue borroso porque cuando uno come bien, la digestión nos produce un estado de sopor que conduce inevitablemente a la siesta.

 

Irrompibles vs. Mount & Blade: Warband

 

Reglamento de duelo

Apenas salí de mi sopor cuando Mikail sugirió reglamentar nuestra lucha para hacer duelos mano a mano o, en nuestro caso, mico a mico. Sonaba interesante.

Sus instrucciones fueron sencillas: enfrentamientos 1 contra 1 y, como señal de arranque del combate, había que cubrirse con el arma. Esta señal daba a entender al mico adversario que estaba listo para repartir amor. Y estaba claro que el más chúcaro era el que lograba sorprender al enemigo con el primer golpe. Costaba muchísimo tener la paciencia Jedi de esperar a que termine un combate, en lugar de saltar en el medio y sacar tajada de dos enemigos desatentos y lastimados. Atrás quedaron los combates en los que uno intentaba sostenerse en pie, mientras un Mikail pasaba desbocado a caballo y blandiendo el hacha en busca de mi cabeza, o el arco certero de su compañero astutamente escondido en uno de los techos de paja de las casuchas.

Yo estaba impaciente, mis manos transpiraban sobre el mouse. Creo que si hubiera editado mi espera como una película, lo hubiera hecho como una escena de preparación de duelo de una película de Sergio Leone, y mientras mis dientes brillan con un destello del sol, se escucha la música de Ennio Morricone. El primer duelo me tocó contra el secuaz de Mikail. Levantó el filo de su hacha para avisarme que estaba listo. Y la próxima vez que vi ese filo, estaba encajado en medio de mi cráneo. Me golpeó como a un niño.

Los combates mano a mano nos mantuvieron entretenidos por una hora más. En el balance final, salí hecho. Descubrí que moviéndome rápidamente podía sorprender a mi enemigo de espaldas y acomodarle un hachazo por la espalda, allí donde el escudo no lo protege. Infringí tanto dolor como el que recibí y esa noche fui feliz. Todos menos Rolo, que al verse último en la tabla hizo la “gran chiquilín”* antes de que el duelo comenzara. Suponemos que lo hizo para no dar vergüenza pero definitivamente se perdió la mejor parte.

Para retirarnos triunfales, hicimos un par de partidos cooperativos, donde todos juntos intentábamos tomar un castillo. Nos sorprendimos gratamente porque la destreza del enemigo en la lucha fue suficiente para mantenernos a raya y muchas veces nos dejaron tendidos en el suelo, olfateando nuestro propio trasero. En el promedio, ellos defendieron mejor de lo que nosotros atacamos, pese a tener de nuestro lado al “Alá” de Warband, nuestro amigo Mikail. Por suerte, nosotros no somos súbditos vengativos y no le pedimos que tome represalias contra nuestros agresores virtuales en su próximo patch.

 

Despedida con Yapa

Avanzada ya la noche, decidimos que era suficiente. Para despedirnos y como un Bonus track a nuestros ganadores del concurso Warband, Master y Trigo, hicimos una sesión de Skype junto a Mikail. Todos pudimos hablar con él y saludarlo, y permitimos que Master y Trigo tuvieran la oportunidad de preguntarle algo a Mikail. Una preguntita cada uno, de fan a desarrollador.

Nos contó cosas muy interesantes. Taleworlds es una compañía que empezó con sólo dos personas y hoy llega a 15 miembros. Todos ellos son “multitasking” y tienen más de una función en la compañía. Actualmente, están trabajando en nuevas mejoras para Warband, porque ellos son de los pocos que creen que hay que seguir dándoles alegría a los usuarios que ya los eligieron. ¡Muy pronto vamos a disfrutar de unos packs cargados de amor y novedades para Calradia!

En paralelo, ya están trabajando en un nuevo juego que nada tiene que ver con el universo de Mount & Blade. Un fichín en el que comenzaron todo desde cero y que esperan tener listo –si va todo bien– dentro de 3 años. Desde Irrompibles y de corazón, les deseamos mucha suerte y les agradecemos por haberse prendido en esta nueva epopeya. Recuerden amiguitos: El gamer no muere. Respawnea. [i]

 

(*) La gran chiquilín es una clásica jugarreta de Rolo por la cual, cuando está en inferioridad de condiciones, se retira alegando problemas con la conexión. De esa manera, si la partida queda inconclusa, no podemos decir que su actuación fue desastrosa. De igual manera se conduce cuando va ganando; se retira pero esta vez al terminar la partida. Así puede mofarse de sus adversarios diciendo que es el mejor y dormir tranquilo ya que su último partido fue una victoria indiscutible. Está claro que, esto último, cada vez ocurre menos, jijiji.

 

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