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Comer en forma inteligente

La primera semana de entrenamiento fue, entre otras cosas, una prueba para ver si podía cambiar mi deficiente alimentación. Después de 8 días vengo aguantando, y con algunas primeras conclusiones.

Lo que más me costó fue incorporar lácteos. Jamás me gustaron, y siempre me hice la idea de que no servían para nada. No puedo dejar de pensar que el hombre es el único animal que toma leche después del destete (los gatos no cuentan, porque no toman leche por voluntad propia, sino porque se la damos nosotros…). Pero siendo vegetariano, no tenía muchas opciones para incorporar proteína biológica. A la dieta tuve que ponerle mucho huevo. Más precisamente tres claras y una yema. Junto con queso port salut light y milanesas de soja, son hoy mi principal fuente de proteínas.

Algo que aprendí es que, antes de empezar este blog (no fue hace mucho) subestimaba a la comida: creía que saltearme el desayuno no era importante, y que lo ideal era resolver el almuerzo o la cena de una forma que me llevara poco tiempo, y ensuciase la menor cantidad de elementos posibles. El menú básico eran milanesas de soja rellenas o fideos con manteca y queso. Alguna eventual pizza, si la fiaca por cocinar era demasiada. Y podía estar una semana alternando esos tres platos. Sí, era un vegetariano que no comía verduras, algo bastante insólito. Hoy mi heladera está repleta de frutas y vegetales.

Otra cosa que estoy intentando incoporar, además de las cuatro comidas y dos colaciones, es a tomarme tiempo. Cuando te dejás dominar por el trabajo y vivís con los minutos contados, cortás tiempo en cosas realmente importantes, como hacer compras en el supermercado, ponerte a cocinar, y sentarte a comer en la mesa, y no dar cuatro bocados sin masticar frente al monitor. La digestión, dicen todos los nutricionistas, empieza en la boca. Comer desconcentrados es poco sano.

Lo que más me llamó la atención de es que, independientemente de si uno se toma en serio este tema o no, son los demás los que elevan a una dieta a la categoría de proeza heroica. Quienes me rodean ven con admiración el esfuerzo de organizar lo que como, y más allá de que se lamenten si no podemos compartir una pizza o una torta de chocolate, son muy respetuosos del compromiso. Las tentaciones nacen siempre de uno, y no de los demás. Creo que es importante saberlo a la hora de encarar una dieta que cambie drásticamente nuestra alimentación. Lo más seguro es que el resto, aunque no te acompañe, te admire y aliente.

Ahora doy paso a todo lo que mi organismo consumió en la primera semana de dieta:

  • 10 litros y medio de agua mineral
  • 18 tés (común, de naranja y de durazno), con leche descremada y sin azúcar (sí, un espanto)
  • 3 tazas y medio de cuadritos de avena
  • 2 litros de yogur Ser
  • 2 peras
  • 5 bananas
  • 4 manzanas rojas
  • 2 manzanas verdes
  • 1 mandarina
  • 1 naranja
  • 1 kiwi
  • 1 racimo de uvas verdes
  • 1 lata de ensalada jardinera
  • 1 papa grande
  • 2 rodajas de calabaza
  • 1 zanahoria grande
  • 2 zapallitos
  • 900 gr. de brócoli
  • 7 cucharaditas de semillas de lino y sésamo
  • 180 gr. de Casancrem light
  • 350 gr. de queso port salut light
  • 350 gr. de pan doble salvado Fargo
  • 12 milanesas de soja
  • 5 cucharadas soperas de mermelada de damasco BC
  • 6 huevos (6 claras y 2 yemas)
  • 2 turrones Arcor
  • 1 yogur Ser firme (eliminado de la dieta cuando me avisaron que tenía gelatina)
  • 8 cucharadas de arroz blanco cocido
  • 100 gr. de pastas secas
  • Mostaza a gusto

A esto le tendría que sumar dos cenas en restaurante: en una oportunidad salí con amigos y comí una ensalada china (no vale la pena comer esa cosa babosa, amarga y fría, mientras el resto degusta manjares calientes y sabrosos), y en la otra degusté una ensalada caprese con unos pancitos de salvado (y así cubrí la fórmula vegetales+proteínas+hidratos).

Esta dieta se armó en base a mi plan de bajar grasas y aumentar el entrenamiento, con la variable de que soy vegetariano. He visto a otros corredores lidiar con la disminución en la ingesta de grasas, y es una barrera difícil de pasar. Hemos ido corrigiendo mi dieta con la nutricionista, principalmente porque en los entrenamientos fuertes de los Puma Runners (lunes, miércoles y sábados), a la mitad de la jornada tenía un hambre monumental. Por eso agregamos para esta semana un poco más de hidratos durante esos días y un Gatorade.

Insisto, esta dieta está armada para mi, un alfeñique de 76,900 kg, que no consume carnes de ningún tipo y que ya corría un promedio de 40 km por semana. Difícilmente le sirva a otra persona. Lo ideal es asesorarse cada uno con un especialista, para ver cómo se cubren las deficiencias personales.

En el apartado de “cosas vergonzosas que le quitan todo el glamour a este entrenamiento” está la consecuencia de pasar de tomar muy poca agua a 2 litros diarios (como mínimo): un estado de incontinencia cuasi infantil. Como los chicos que piden hacer pis a cada rato, estoy esforzándome por ir al baño cada vez que voy a salir de mi casa, pero siempre termino en la calle rogando por cruzarme con un shopping o un McDonald’s donde pueda ir al baño de contrabando. Quiero creer que es cuestión de que el cuerpo se acostumbre, no tengo intenciones de vivir con ganas de ir al baño cada 45 minutos, y no tengo la paciencia para empezar una campaña para que haya más baños públicos en la Ciudad de Buenos Aires…

Continuar leyendo en Semana 52.

 

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