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Aprender a entrenar solo

Puede que, a simple vista, el título de este post parezca una tontería. Quizá lo sea, quizá no.

Estoy leyendo (y no queriendo que se termine)“De qué hablo cuando hablo de correr”, de Haruki Murakami. Es un escritor japonés de 61 años, quien es más conocido por sus novelas (un verdadero best seller) que por su actividad como corredor. En realidad es como el 99% de los deportistas: le gusta entrenar y no lo hace para estar en el podio.

Lo que a este señor más le gusta de correr es que lo hace solo. No disfruta de hablar con la gente, se incomoda cuando está en grandes grupos (excepto cuando tiene que hablar en el exterior en inglés) y le encanta estar absorto en sus pensamientos, mientras se aisla del mundo corriendo y escuchando su disc-man (todavía escucha CDs, así de raro es Murakami).

Me está gustando mucho el libro, en varios aspectos es inspirador, pero no me puedo identificar con esa cuestión de entrenar solo. Inevitablemente, si entrenamos en grupo, en algún momento rebasaremos a otros corredor (o bajaremos a nuestro ritmo). Pero no me refiero puntualmente a eso, sino a estar en tu casa y tener que buscar las zapatillas, el pantalón, la remera. Hacer el ritual de dónde guardar las llaves, el agua, y salir de tu casa. Toda esa cuestión de decidir salir solo, juntar fuerza de voluntad, completar el entrenamiento, y volver a tu casa. Y no haber hablado con nadie en todo ese trajín.

Estoy seguro de que a mucha gente le resulta desmoralizador (algunos dirían “aburrido”) correr sin ninguna compañía. En el entrenamiento de los Puma Runners generalmente corro con algún compañero que tenga un ritmo similar, o me acomodo al suyo, pero muchas veces (sobre todo en esta etapa donde estoy buscando superar mis límites) me adelanto y voy por mi cuenta. Aunque me corte por la mía, siempre arrancamos desde donde está Germán, el entrenador. Antes de salir charlamos, hay consejos, chistes. Al regreso vamos a encontrar compañeros elongando, y siempre está esa sensación de grupo, de pertenencia. Sin ir más lejos, casi todos los entrenamientos terminan con un puñado yendo a cenar, para que luego los peatones nos repartamos entre los que tienen auto y emprendamos el regreso al hogar.

Hoy me encuentro yendo a un gimnasio. No me gusta entrenar solo como a Murakami, pero ahí sí me identifico con él en que no me sale socializar. Si tengo que hablar con un desconocido no tengo ningún problema, pero jamás podría acercarme a otra persona que esté haciendo pecho inclinado para preguntarle si necesita ayuda con la barra. O pedirle consejos a un desconocido. Siento que cada uno está en la suya, y que vengo a molestar. No podría explicar por qué, a veces cuando quiero hablar con alguien que no conozco siento que la voz no me va a salir, o que voy a decir una completa estupidez. ¿Cura el entrenamiento esta inseguridad hacia los extraños? Sospecho que no (igual no es este el motivo por el que entreno).

Como señalé en posts anteriores, si no tuviese el objetivo de llegar hasta la semana 52, no hubiese durado mucho entrenando solo. De hecho, el entrenamiento “oficial” de los Puma Runners es tres veces por semana (más que suficiente), y ahí ya está establecido el grupo y los roles de cada uno. Pero ese objetivo de “hacer algo” todos los días durante un año eliminó de mi sistema la excusa de la fiaca, el aburrimiento, o el pánico a hacer el ridículo. No se me ocurre otra circunstancia de mi vida en que vaya a hacer todo lo que estoy haciendo, así que el momento es ahora. Arrancar solo cuesta, mucho. Pero cuando termino de entrenar, me alegro mucho de haberlo hecho.

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