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El Libro de Oro [IRROMPIBLES] 2010

 


Pasaron muchos años, doce, creo. Desde ese día que vi la primera Xtreme PC en un kiosco de Colón y Alsina, justo antes de subirme al micro que me llevaba cada noche de vuelta a La Plata. Por entonces yo laburaba en el INdeR (el Instituto Nacional de Reaseguros), hundido entre montañas de expedientes y papeles de todos los colores.

Cuando descubrí la tapa de Jedi Knight, y vi que era de fichines, sacrifiqué el micro para darme tiempo de revisar cómo era. No tardé en comprarla. Me la devoré en el viaje, leyendo a media luz, mientras la oscuridad del Camino Centenario –faltaban años todavía para que existiera la Autopista– tragaba su carga de pasajeros adormilados. Qué feliz estaba. La revista me ponía en las manos una de mis grandes pasiones: los juegos, que sólo podía disfrutar muy esporádicamente. Jugaba, pero casi a escondidas, como quien no quiere la cosa, porque no me parecía bien que un tipo grande, de casi treinta años, todavía perdiera el tiempo fichineando.

Fichineando. Por entonces, tampoco le decíamos así.

En días subsiguientes la cabeza me daba vueltas. ¿Por qué avergonzarme de lo que era? Porque yo era eso. Había estudiado para “analista programador” en el Instituto Argentino de Computación, cuando todavía vivía en Salta. Era un genio en COBOL y Pascal, más tarde en Basic. Ja. Pero sólo yo sabía que, si me había enamorado de las computadoras en tiempos de Clive Sinclair, se debía a mi pasión casi obsesiva por los juegos. Los pensaba, los imaginaba, los diseñaba. Los programaba. A veces, me dedicaba a eso más que a jugarlos. Miraba todo. Leía todo lo que podía, en esas épocas en las que Internet no estaba al alcance de cualquiera. Qué diablos. Esos tipos de XPC lo estaban haciendo. Escribí una carta al correo de lectores de la revista, algo que no acostumbraba excepto con Axxón, la revista electrónica especializada en ciencia-ficción, terror y fantasía; mis otras grandes pasiones. En esa carta, les decía a los chicos de XPC que al fin había descubierto una revista “seria” de juegos.

El resto es historia conocida. El querido Martin Varsano me invitó a escribir y ya no paré. Al igual que el día que en Axxón publicaron mi primer cuento, Los perros, cuando vi mi primera review en las páginas de la revista los ojos se me llenaron de lágrimas. Qué sé yo, esas cosas que a uno lo emocionan. Fui muy feliz. De repente mi vida se sentía diferente, la oficina me quedaba chica, los cielos se abrían para que volara a un destino mejor.

Escribí regularmente para XPC, fui a almorzar con el staff, sugerí contenidos, formas, personajes. A los lectores les gustaba. Un día me propusieron ser el jefe de redacción de la editorial, y abandoné la oficina. En la redacción de PowerPlay puse mi vida. Llegaba a las 7 de la matina (y eso que venía desde La Plata) y me volvía a las 9 o 10 de la noche. Era un trabajo abrumador (XPC, dos CDs, contenidos para Datafull, corrección de Nuke, supervisión de Next Level, Next Level Extra, el personal) pero yo sabía que no podía aflojar porque era muy importante que otros perdieran el miedo a ser gamers. Sentía que miles de argentinos necesitaban descubrir las cosas que a mí me hacían tan feliz, como la literatura, la ciencia-ficción, el terror, los juegos. Tejía todo eso y le daba la forma de revista, pero en realidad era un mensaje.

Fui parte de un gran equipo. Hoy siento que lo logré, que hice mi obra chiquitita, humilde, pero importante para mucha gente. Sé, porque algunos me lo dijeron explícitamente, que gracias a XPC hoy son ingenieros, músicos, programadores, artistas, periodistas, actores. Eso vale mucho para mí. Alguna vez le dije a Martin Varsano: “Gracias a vos mi vida cambió.” Un día me lo dijeron a mí, y no se pueden imaginar la emoción tan grande que se siente.

Y por eso les hago caso y me puse con este Libro de Oro. Para mí es una forma de recordar, que aunque nunca dejé de hacer revistas (cuando XPC ya no estaba, con Martín, Max Ferzzola y muchos viejos amigos, hicimos revistas para México) siempre extrañé hacerlas para ustedes, a quienes yo aprecio como si fuesen mis hermanos aun sin conocerlos en persona.

Es quizás también una forma de continuar una tarea silenciosa, chiquita, que parece útil. Tal vez este Libro llegue alguna vez a las manos de alguien que lo necesite. No por lo que diga sobre juegos, no por sus preciosas reviews y notas hechas con tanto esmero por todos ustedes, sino por lo que grita detrás de escena, donde está el alma de esta pasión por informar, por alegrar, por ponerle un tinte de significancia a lo que somos.


 

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