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El Libro de Humita


–Fueron tres días sin luz –resopla el otrora poderoso Dan, todavía con pánico. Del otro lado del teléfono, Moki maldice mientras su voz se apaga tras el chirrido del tren y las voces de los vendedores; a esa hora de la noche, el mico vuelve a su casa tras pasar el día en la agencia donde trabaja–. Y todavía tengo baja tensión. No andan los ascensores.  Acabo de subir nueve pisos por tercera vez, no doy más.

–Es increíble, miko, yo hoy tuve un día terrible, sin aire acond… –la voz se pierde de nuevo por unos segundos– …con un aviso, hundido hasta las rodillas en el campo de arroz. ¡Estamos brujeados!

Dan mira la pantalla, donde una planilla de Excel brilla llena de colores: notas sin corregir, redactores desaparecidos, bloques en obvio desequilibrio, arte faltante. El oficio de hacer revistas no es un viaje al paraíso, precisamente, y menos con problemas técnicos que brotan como cucarachas en el calor.

–El calor, man. Nos va a liquidar –gime–, la vengo pedaleando pero estoy agotado.

Mientras los micos hacen su tonto Libro de Oro, en la Argentina se vive un récord: ocho días seguidos con temperaturas superiores a los 32°, que en la colosal mole de cemento que es Buenos Aires se siente como el infierno. En 60 años, nunca se vivió nada igual. A las compañías de energía eléctrica se les derriten cables por toda la ciudad. Los barrios porteños se apagan intermitentemente, a veces días enteros.

–Ya no llegamos al 24, imposible. Estos tres días eran imprescindibles.

–¿Y el sitio cómo está? Yo no pude entrar anoche porque cuando llegué a casa, y me senté bajo el Split a hacer la portada, me cortaron la luz. Me quería matar. A la noche los vecinos hicieron fogatas para…

–Bien, los micos saben que no llegamos. Nos van a linchar, igual, sobre todo los que ya pagaron su ejemplar impreso. Hoy a la tarde le decía a Rafa que tenía miedo de que me corten de nuevo, me apuré a mandarle cosas para armar. ¡Y le cortaron a luz a él, y eso que está en La Plata!

–Yo te digo, estamos brujeados. –Moki pone la voz del Dr. Picor–. Es Voldemort que nos quiere destruir. Menos mal que somos irromp…

–En algún lado debe haber action figures vudú de nosotros llenas de alfileres. –Moki asiente convencido, rebotando en su tren viejo–. Si no es la luz, es internet. O se te parte la espalda. Siempre nos pasa algo. Por una cosa u otra, parece que nunca vamos a poder terminar.

–Está maldito.

–No debería llamarse Libro de Oro.


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