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Manolo y el Barrabrava

Texto escrito hace largos años, que intenta emular sin éxito a aquellos nacidos de la pluma de Alejandro Dolina. Es la historia de un futbolista y las peripecias de un hincha caracterizado, a raíz de un hecho insólito.

 

Cuentan algunos memoriosos que allá por el año 1945 hubo un episodio bastante curioso que mantuvo ocupada a la prensa de aquella época. Se trató de un encuentro de fútbol disputado en el estadio Vicente Calderón de España, en el que se enfrentaron el equipo local, Atlético de Madrid, y el Real, en el Derby de esa ciudad. Para el conjunto “colchonero” jugaba como centroforward el gallego Manolo Sánchez, también artillero de la selección de su país. Comentan los testigos del partido que éste se vio opacado por una molesta lluvia y por un viento por momentos atemorizante. Sin embargo los espectadores nunca olvidarán el acontecimiento que hoy nos concierne.

La disputa en el campo era de vida o muerte, los veintidós jugadores hacían lo imposible por convertir, pero sin demasiada fortuna. El barro hacía que el juego se tornara atractivo y a la vez peligroso. Los numerosos hinchas aprovechaban las reiteradas interrupciones, debidas en su mayoría a las lesiones, para observar a una señorita pechugona que deambulaba por la platea, aunque ninguno pudo obsequiarle más que una simple mirada.

El encuentro seguía su rumbo errático hasta que llegó el fatídico minuto 83: Manolo recibió un centro desde la derecha y quedó mano a mano con el portero. Es el día de hoy que nadie puede asegurar lo que ocurrió a continuación. La multitud rugía expectante esperando el momento del grito deseado cuando el hábil futbolista pifió su remate. Lo que pudo haber sido la victoria terminó con la suspensión del encuentro por falta de garantías, ya que con tanta mala fortuna el balón terminó directo en el rostro del conocido barrabrava Paco Gómez, alojado en la segunda bandeja de la popular local, provocándole múltiples fracturas. Algunos presentes aseguran que el infortunio del delantero se debió al tropiezo con una piedra que anteriormente había arrojado el propio Paco y que el juez de línea olvidó retirar. Otros, por su parte, afirman que en el momento del impacto a Manolo se le salió un botín, lo que llevó a una parte de los hinchas a gritar desaforadamente el tanto al ingresar el calzado en la portería visitante. Lo cierto es que nunca jamás se sabrá la verdad absoluta. Quedará en ustedes creer en alguna de estas versiones o en otra propia.

Al salir del hospital, el caracterizado hincha dedicó cada uno de sus días a atormentar al pobre Manolo, acudiendo a los entrenamientos del “Aletic”. Se ve que el personaje no tenía mucha experiencia en su rol de barrabrava, ya que por meses no pudo encontrar la forma de burlar la seguridad y penetrar en el recinto. Hasta que un día se le ocurrió una brillante idea: esperar a que culmine la práctica y, cuando todos se hayan retirado, ingresar y permanecer allí hasta el día siguiente para poder dar con su “victimario”. Así sucedió, solo que ni en su más terrible pesadilla podría haber imaginado lo que le iba a esperar.

Al despertar, se hizo pasar por el aguatero suplente e interrogó al guardia, todavía con algunas muestras de sueño evidenciadas en su joven rostro. Este humilde trabajador, hoy ya anciano, nos refresca aquella anécdota: “No puedo explicar la cara que puso ese señor cuando le dije que el jugador Manolo Sánchez hacía tres meses que había sido transferido al Galatasaray de Turquía”.

Hoy se lo puede ver a Paco tirado en una plaza de Madrid, contándole al que lo quiera escuchar este lamentable suceso que jamás pudo desalojar de sus oscuros pensamientos y que lo seguirá, sin descanso alguno, hasta su muerte.

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