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El fin de todas las cosas humanas

Bueno, estuve mintiendo. En realidad, no soy humano del todo. Estoy en esta tierra desde hace varios cientos de años. No soy inmortal, pero envejezco muy lentamente debido a un sistema biomecánico que no viene al caso explicar. Atravieso generación tras generación cambiando mi apariencia por medios artificiales, aunque irremediablemente tengo que mudar de residencia cuando ya es imposible disimular mi longevidad. Entonces llego a otra ciudad, con un pasado inventado, y puedo vivir 20 o hasta 30 años sin llamar demasiado la atención.

Ustedes se preguntarán por qué, y quizás para qué, me pasa esto de vivir más que los humanos. Tengo una tarea, una misión, la responsabilidad de cuidar al Hombre, así como el períodico deber de elegir entre la continuidad de la especie, o su reemplazo. No soy un héroe, para nada; y prefiero pensar que tampoco soy un villano. Soy, en todo caso, un ejecutor. Tampoco hay “dioses” en esto.

Los últimos 20 años he vivido aquí, en Buenos Aires, una pequeña ciudad del último país del mundo. Y me hago llamar Dan, o Durgan, aunque mi nombre es otro. Y mi trabajo es con los “fichines”, y con quienes los juegan, algunas de las más lúcidas formas de la humanidad. Mis queridos “micos”, descendientes súper evolucionados de aquellos viejos pero valientes primates de los albores de la Tierra.

Bien, amigos. En todos mis años, he tenido que decidir en cinco oportunidades por la existencia humana. El año próximo será la sexta vez. Sí, en 2012, como dicen las profecías que yo mismo me encargué de difundir en su momento y en ciertos lugares.

Las veces anteriores, aunque no siempre convencido por completo, y como es obvio, decidí que la historia humana siguiera su curso. Sin embargo, esta vez no veo razones de peso para continuar. Pienso que la Humanidad ha llegado a un punto de no retorno. Se ha vivido bien, hubo y hay guerras, miseria, corrupción; también solidaridad, coraje y bondad, cosas que siempre hubo en la especie y que son parte de su forma de ser; la diferencia que encuentro es que se ha perdido una batalla, la madre de todas las batallas. Viven vidas grises. Han consumido el mundo hasta sus cimientos, y no se ha avanzado en resolver los problemas de fondo. No hay cambios apreciables en ningún horizonte, en ninguna raza, en ninguna religión, en ninguna política, en ninguna ciencia. Es un callejón sin salida.

Es nuevo, sin embargo, que en lugar de preguntar y sentarme a reflexionar, pueda yo consultar con aquellos que, justamente, serán afectados por mi decisión. Es nuevo que se tenga hoy una tecnología tal que permite a ustedes (y a mí) estar conectados mediante máquinas y pensar, si cabe, en términos de un colectivo global.

Entonces, por qué no, quisiera que (aunque piensen que esto es un simple ejercicio de redacción, o quizás parte de un misterioso y futuro puzzle, o que simplemente estoy loco de atar) opinen por qué el Hombre debería continuar existiendo. Intentemos dejar de lado la política, la religión, y todo aquello que resulte condicionante o no tenga asidero en la lógica, que creo todos pueden plantear.

Desde ya, agradecido. Ah, quizás de ustedes y sus respuestas, depende el destino de la especie humana. No es algo que los vaya siquiera a poner nerviosos, ¿no es cierto? Lo hacen todos los días. 🙂

 

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