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Tras la cortina de yerro

HACE UNOS AÑOS LES RELATÉ mi accidentado viaje entre Dresde y Budapest, donde un Prius se pasó de listo conmigo y terminé increpándolo en una estación de servicio en las afueras de la capital húngara. Más tarde supieron, también por mi pluma o teclado, de mi derrotero como corredor de camiones, rally y otras tantas peripecias en el viejo y nuevo continente. Todas y cada una con un denominador en común: el inefable Marcos.

Lo que nunca les conté —hasta ahora— fue lo que sucedió después de nuestro encuentro al costado la ruta, porque claro, el del híbrido, no era otro que Marcos. Él seguía sin entender qué hacía yo arriba del camión, decía que eso no era para mí, que estaba destinado a un futuro de laureles —meta lavar los platos— en el deporte automotor y otras yerbas. Tanta fue su insistencia que no tuve más opción que invitarlo a que viviera la experiencia en carne propia, una de esas le contagiaba el entusiasmo y después me hacía competencia.

Marcos tenía que devolver el auto alquilado en Varsovia (Polonia), así que busqué alguna entrega con el mismo destino y hacia allí nos dirigimos. Ya en la capital polaca, buscamos algún encargo para San Petersburgo —mi amigo quería conocer a toda costa la capital del antiguo Imperio ruso— y salimos.

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Tengo que reconocer que su charla fue más animada y menos hostil que la de Cenizas. En ese entonces, todavía compinches, compartíamos un código lingüístico forjado con años de complicidad. Por muy extraño que hablara, lo entendía sin problemas.
—¿Esto era la vieja URR’, no? ¡Lo’ rojos, buuuhhh! —Marcos levantó los dos puños con los pulgares para abajo.
—Sí, la vieja Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas —aclaré, al tiempo que me reía de su gesto infantil.
—Lo’ comunistas, ¿yo que dije?
—Pero hace rato que estamos en territorio otrora soviético —ví por el rabillo del ojo que mi compañero me miró algo incrédulo—. Claro boludo, cuando me empezaste a seguir estábamos en Hungría, que fue parte del bloque.
—¡Con razón! —dijo, mirando nuevamente hacia el frente.
—¿Con razón qué?
—Losedificio’.

Era cierto, había una línea arquitectónica que se repetía, de edificios en bloque bajos, grises, muy similares unos a otros, aunque con diferencias apenas perceptibles entre ciudades y países. Distinta sin embargo era la cuestión con las grandes construcciones modernas, como la iglesia del buen pastor en Kaunas (Lituania), el centro olímpico de Valmiera (Letonia), o el cine Formula Kino de San Petersburgo (Rusia), por nombrar sólo algunas de las que cruzamos en nuestro recorrido, que no se parecían en nada entre sí.

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El terreno regular era un aliciente para el motor, la ausencia de pendientes pronunciadas permitía transportar grandes cargas con motores más modestos. Mientras que los caminos montañosos, en su mayoría sinuosos y lentos, escaseaban.

El tiempo se descompuso, la lluvia arreció, pero la música que llenaba la cabina, junto con el golpeteo de las gotas en el parabrisas, el suave andar sobre el asfalto y la charla animada, mejoraron mi humor.
—¿Qué’tamo’scuchando? —preguntó Marcos—. Ya sé, no me digás... el yanqui este... el del corazón con guitarra.
—Tom Petty and the Heartbreakers. Te acordaste.
—Si siempre poné’ lo mismo —respondió alzando los hombros—. Además con ese dibujo... Igual, ‘tá bueno. ¿Son jovatos, no?
—Sí, pero cada día suenan mejor, así que tienen para rato. Alguna vez espero verlos en vivo.

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La primera parada estaba programada en Kaunas pasado el mediodía. Comimos de parados en una estación de servicio y salimos nuevamente rumbo a Valmiera a donde llegamos por la noche al hotel Lateds de tres estrellas, desde donde se alcanzaba a ver la silueta del palacio de deportes, para dormir cómodos. 

A la mañana siguiente salimos para Tartu (Estonia), última parada antes de ingresar en Rusia, por el paso fronterizo de Narva, frente al famoso castillo de Hermann construido en el siglo XIV.
—Impresionante el socotroco ese, ¿lo viste? —comentó asombrado Marcos, poniendo sus dos manos sobre la ventanilla y abriendo la boca como un niño.
No pude contener la risa, hacía rato que no escuchaba esa palabra... socotroco.
—Sí, es una antigua fortaleza danesa. Pero sentate bien que ahora tenemos que pasar por el control fronterizo. ¿Trajiste tus documentos, no?
—¿Documento? Sí, obvio, ¿cómo te pensá’ que alquilé el coche?

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Los pasos fronterizos rusos no son como el resto. Te tienen un buen rato parado revisando los papeles, mientras te miran de soslayo en actitud amenazadora. Todo parecía ir bien, hasta que el pasaporte de Marcos empezó a pasar de mano en mano y los oficiales comenzaron a realizar varias llamadas. Por suerte, nos devolvieron todo y levantaron la barrera. Arranqué como siempre, circulando a 20 km/h.
—¿No podé’ ir más rápido?
—Tranquilo Marcos, si nos apuramos capaz que nos paran. No me gusta nada cómo nos están relojeando y además se tocan la oreja donde tienen la cucaracha.
—Sí, se están buchoneando.
—¿Hay algo que no sepa y me quieras contar?
—No debo nada a estos rojos.
—¿Le debés a alguien más? —le pregunté con cierta preocupación.
Marcos bajó la cabeza y dijo despacio, entre dientes:
—Ya voy a pagar, cuando aprenda este laburo.
Me sorprendió su respuesta. ¿Era ese el motivo por el que me había interceptado y propuesto acompañarme? ¿A quién le debería dinero que no podía decírmelo?

El viaje continuó sin sobresaltos, aunque mi compañero no volvió a despegar sus labios, sumido en oscuros pensamientos. Cruzamos el río Neva sobre el nuevo puente Bolshoy Obukhovsky y entramos a la populosa y movida San Petersburgo donde lo primero que hicimos fue buscar un buen restaurante que sirviera carne a la Strogonoff y cerveza tirada.

Solo para hombres

¡Todos los meses, buenas noticias! SCS Software acaba de incorporar al nuevo camión Man TGX Euro 6 a su juego base de forma gratuita. Viene con 3 cabinas para elegir y 6 variantes de chasis, compatibles con las cargas más pesadas y con un nivel de detalle que roza lo obsesivo. [i]


DESARROLLADO Y DISTRIBUIDO POR: SCS Software
GÉNERO: Simulación
PLATAFORMAS: PC, Mac, Linux

CALIFICACIÓN

83%

QUÉ ONDA: La expansión de mapa más grande a la fecha, con 13 mil km y 24 grandes ciudades del sur de Finlandia, Estonia, Lituania, Letonia y el oeste de Rusia.
LO BUENO: Nuevas compañías, rutas de ferries, edificios importantes reconocibles y pasos aduaneros en Rusia.
LO MALO: Las ciudades son similares entre sí, el terreno es casi todo plano.

Este análisis fue realizado a través de un código de PC provisto por sus desarrolladores.

Fernando CounFernando Coun, alias Shinjikum, es Secretario de Redacción de [IRROMPIBLES]. Viejo prócer del fichín que comenzó a colaborar con el equipo original de [i] allá por los tiempos de la gloriosa XTREME PC (en el siglo pasado). Es un gran fan de las aventuras gráficas y los juegos de carreras, y actualmente está traduciendo Sandokan, de Emilio Salgari, por el placer nomás. También lo encuentran en Twitter como @ferCoun.

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