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Nazarena Vélez

Rubia, ¿tarada? No parece, después de todo. Es un bomboncito por el que miles de argentinos suspiran todos los días, cuando la ven en algún programa de televisión. ¿Le queda bien estar tan flaca, o antes tenía mejores curvas? ¿Morderías esos labios carnosos? Son muchas preguntas. Puro pretexto para ver las fotos. Nunca entendimos qué tiene Daniel Agostini, aparte de cantarle al sistema operativo de Microsoft, para haber vuelto loca a la rubia. ¿Será el pelo largo de este mico? ¿O será otra cosa? Las constantes peleas y enamoramientos tempestuosos con Nazarena han sido objeto de largas discusiones en los programas de chimentos, de esos que sobran en la tele argentina. Recordamos haberlo visto llorar, secarse la mejilla empapada y los mocos con la manga del saco. Y pensábamos “y claro, si perdés una mina así, es para shorar”. Porque es atrayente como pocas. Parece hecha de terciopelo dorado, tiene un cuerpo inquietante y con esa boca debe hacer maravillas que sólo Daniel podría contarnos. Pero además de ser una gata hermosa, es una gran productora de líos. La hemos visto acusar a Diego Maradona de andar calentito con ella, hacerle el bocho a un jugador de Argentinos Juniors, sacar una línea de perfumes eróticos con su nombre, bailar demasiado sensualmente en cierta disco de Buenos Aires, y mucho más. Trabajó como conductora junto a Gerardo Sofovich (yeeech) y en otros programas, y se lució como actriz en Gasoleros, Los Roldán, y en obras de teatro como El champagne las pone mimosas. Actualmente, se la puede ver en Hotel Palermo Hollywood, donde hace el papel de una rubia interesada en toda clase de divisas. Nazarena es madre de dos pequeños. ¡Mamita! Ahora, para terminar con las preguntas: ¿Por qué si es preciosa, labura bien, tiene éxito, nos hace caminar los ratones a todos y lo dejó a Agostini, que se lo merece por llorón, la mitad de la gente la ama y la otra no la puede ver ni dibujada? Misterios de la farándula.

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