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Samurai!

Cuando los más veteranos del site aún éramos unos niños (estoy hablando del año 1983, hace mucho tiempo en una galaxia muy muy lejana) y muchos de los que leen esto todavía no habían nacido, Argentina era asolada por una serie fantástica de libros conocida como “Colección Libros de Guerra” de la editorial Javier Vergara. La premisa de estos libros era tan simple como fabulosa: cada uno relataba, en primera persona, las vivencias de distintos combatientes REALES de las dos grandes guerras mundiales, sin importar el bando en el que pelearan. Y estaban escritos por sus protagonistas. De este modo, era posible revivir relatos escalofriantes junto a un piloto de la Luftwaffe, o treparse a bordo de un Panzer junto a su comandante, llenarse de barro y miedo junto a un desconocido soldado de la infantería americana, o porque no acompañar a un as francés a bordo de su endeble biplano en encarnizadas batallas aéreas, sin misiles ni radares que peleen por uno. Los títulos eran muchos y para todos los gustos. ¡Cómo olvidar a los capitanes de U-boats germanos y su eterna agonía bajo las cargas de profundidad de los destructores británicos! ¡o a los ases de la RAF!, la Fuerza Aérea sajona que se batió a muerte en la batalla de Gran Bretaña, a todo o nada por el dominio de los aires, y que casi se queda con la nada… Pero el título que nos reúne aquí hoy es Samurai! , las electrizantes vivencias del principal As japonés de la WWII (con 64 victorias aéreas), Saburo Sakai. Sakai no era muy diferente a cualquier niño japonés hijo de labradores. Pobre hasta la médula y huérfano de padre, no tenía ningún bien preciado salvo el pasado glorioso de su familia, que alguna vez perteneciera a la casta Samurai. Casta que él mismo se encargaba de deshonrar de adolescente una y otra vez, estando más cerca de ser un delincuente juvenil que el último de un linaje de guerreros ceñidos a un estricto código de honor. Fue así que, para encarrilarlo, su tío se encargó de hacerlo ingresar a patadas en el ejército nipón, y sus cualidades físicas (y la resistencia a las palizas) determinaron que era apto para la fuerza aérea. El resto es historia: Saburo se convirtió en una leyenda viviente y en el terror de los aires sobre el Océano Pacífico. Y su libro, Samurai!, nos mantendrá al filo de nuestra silla mientras Sakai nos cuenta que se siente volar durante 4 horas y media, con un pedazo de metralla incrustado en la cabeza, ciego para siempre de un ojo y su caza completamente agujereado, y aterrizar para contarlo. Y lo que es mejor: volver a volar un año después y seguir consiguiendo victorias ¡con un solo ojo! (¿tengo que recordarles que la visión en profundidad es posible gracias al uso de AMBOS ojos, y que un piloto sin uno de ellos tiene SERIAS dificultades para determinar la distancia de los cazas enemigos?). Y no olvidemos la historia de un piloto de bombarderos japonés, que frustrado por su rol en la guerra, le juró a Sakai que iba a hacer un looping con su pesado armatoste antes de morir. O de cómo puede cambiarte la ilusión de que derribar un caza es simplemente otro número frió a tu lista de victorias, cuando el rival logra eyectarse de su nave para aterrizar en aguas infestadas de tiburones. Sin olvidarnos del nacimiento de los tristemente célebres pilotos kamikaze, o de la extrema pobreza que esperó a los vencidos, aunque estos fueran ases. Artistas del aire. Inimitables e irrepetibles. Cada maniobra, cada combate, cada detalle está descrito con una sencillez y una contundencia tales que hasta aquellos que no simpatizan con los aires podrán sentir que acompañan a Sakai en una seguidilla frenética de combates, cada vez más agobiantes, más mortales, y porque no más injustos… Para los interesados, malas noticias: conseguir este libro es, en nuestro país, una tarea titánica. La colección ya no existe y ni se molesten en buscarla en las librerías comerciales tipo Yenny. El objetivo donde deben apuntar es entonces aquellas viejas tiendas de libros usados, donde revolviendo un poco y preguntando mucho, pueden toparse con cualquier título de la colección antes citada, y volver a la década del 40/50, de la mano del bando que sea, a pelear por la victoria o sobrevivir ante la derrota inminente. Y por la ridícula suma de unos $20 como máximo. O como en mi caso, que encontré Ataúdes de Hierro de Herbert Werner, capitán de submarinos alemán y afortunado sobreviviente del conflicto, a ridículos $6, porque el libro “estaba olvidado en el depósito, y con olor a humedad”. ¡¿Y qué esperaban de un libro que relata las vivencias en un submarino? ¿olor a niñas? Por eso, ahora la tarea es de todos. Aquellos interesados en conseguir títulos de esta colección, y que tengan suerte en su búsqueda, nos abrirán el camino para seguir reviviendo, una y otra vez las batallas más sangrientas de las Guerras de las Guerras. Espero sus comentarios y ayuda al pie de la nota, mikos lindos! He dicho.

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