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Lineage II: tachero de día, elfa de noche

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Fenómeno de masas en Asia, Europa y América, con más de 17 millones de jugadores registrados, y varios millones más que pululan en los servidores no-oficiales. Apasionante, inmenso, absolutamente adictivo, Lineage II es, más allá de un juego de rol en línea, un prodigioso constructor (y destructor) de realidades.

  


FOTOS FREDDY FABRIS | www.fabrisfoto.com   MODELO: SOL PARDO | Monteverde Models
MAKE-UP: CECI DÍAZ   VESTUARIO: ALE BAAMONDE   TEXTOS: DURGAN NALLAR   DISEÑO: RAFAEL ZABALA BORGEAUD

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El siguiente artículo apareció publicado en la revista [IRROMPIBLES] #4, en marzo de 2008. El texto no ha sufrido modificaciones y las fotografías se reproducen con autorización de la modelo.

Esta es la crónica de cómo perdí a mis amigos.

2005. Durante días, me habían estado insistiendo. Yo iba y venía haciendo tonterías, a veces arreglando cosillas aquí y allá en el sitio, moderando el foro y, por lo general, dejando pasar mi aburrida vida. Pero era tanta la amable insistencia de estos micos -”Dan, vení a jugar o te vamos a romper la cabeza”, etc.- que terminé por aflojar. Iba a probar Lineage II, nuevamente. Ya lo había jugado un poco cuando era novedad, allá por el 2004, un año atrás. En ese momento, aún no se perfilaba como el poderoso juego que resultó. Recuerdo haberlo calificado con un interesante 7.0 para una revista extranjera; no me había parecido genial, solamente un MMORPG más. Me equivoqué al no prever este presente. ¿Tendría que volver a investigar qué demonios estaba pasando? ¿Por qué todos hablaban de Lineage? Me picó el bichito de la curiosidad y… Así, una mañana, llegué a una enorme ciudad –Giran, creo recordar–, donde el clan de Irrompibles me estaba aguardando. Yo era una preciosa Dark Elf, level 1, aunque pronto estuve cargado de regalos en forma de armas relucientes y dinero; y, con el casco un poco caído por lo grande (ok, no tenía casco), me puse a las órdenes de POP y su camarada Griever, dos usuarios del sitio que en esta vida alternativa eran verdaderos héroes regados de prestigio y armas grado S.

Las siguientes horas fueron una maratón. Yo iba corriendo, más lento que el clan, con la misión de tirar mis hechicitos que no servían para nada. Cuando llegaba a donde estaban los demás, el monstruo de turno estaba muriendo en una lluvia de luces, y el clan se dirigía a toda velocidad al siguiente. Y allá iba yo, sudando la gota gorda, acomodando la cámara para verme la bombacha y tirando un rayito que hacía “¡fsss!” y ni le movía un pelo a nadie. Pero claro, me debía a mi clan, y así me la pasé corriendo en zigzag de un lado al otro hasta entrada la noche. Me despedí (ignoro si me escucharon, ya que estaban de nuevo corriendo) y salí del juego. A partir de entonces, lo llamo “the running simulator”.

darkelf_conceptAl día siguiente, todavía en la realidad, estaba inquieto. Tenía mucho para hacer, pero no podía dejar de pensar en Lineage. Quería volver. Cargué el juego y seguí trabajando, al mismo tiempo que trataba de chatear, escribir una nota, escuchar a mis hijos y correr con el clan gracias a la magia del ALT+TAB. Unas seis horas más tarde, no había logrado terminar mi nota, tenía las piernas como algodón, el culo transpirado y un hambre atroz, pero no quise levantarme ni para ir al baño. Eso sí, seguía carrereando con el clan, que en esos momentos festejaba con vítores a uno de ellos que había subido un nivel.

Convencido de que ya no disfrutaba porque no tenía el level necesario para que mis hechizos sirvieran de algo, me alejé del clan. Y comencé a hacer las quests que correspondían a mi raza y profesión.

Descubrí que el sentido de la vida podía reducirse a matar unos bichos parecidos a conejos. Cientos de cadáveres de esos bichos podían hacerme subir de nivel. Lo disfruté muchísimo y, durante una semana, me dediqué a ir y venir entre palacios, grutas y maravillosos paisajes matando toda clase de criaturas en un estado casi hipnótico. Alguna vez también me boletearon a mí unos tipos con arcos relucientes y aspecto gay. Pero claro… la gracia no era esa tampoco. La máxima diversión estaba en pertenecer a un clan, compartir intrigas de palacio, ser la comidilla del pueblo y volverse poderoso para participar de los asedios a los grandes castillos. Lineage es política y sociedad. Es un colosal mundo donde las relaciones se cocinan bajo diferentes fuegos. Una verdadera vida alternativa, plagada de amores, odios, amistad, honor, hazañas y traiciones. Transcendía el simple título de juego. Ese era el secreto.

Volví a buscar al clan Irrompible. Era yo una magnífica elfa oscura de nivel 25; atrás había quedado la chica tímida y pueblerina de semanas atrás. El clan, sin embargo, estaba mucho más maduro que yo. ¡Esos tipos nunca salían del juego! Si uno quiere pertenecer a un clan, debe estar a su altura. La responsabilidad obliga a permanecer días enteros jugando, apenas durmiendo en la vida real. Me alejé, avergonzado y sintiéndome una inútil. Necesitaba más tiempo para levelear.

La Nochebuena de 2005 me encontró escapándome a hurtadillas de las reuniones familiares para jugar un ratito. Mi vida social en la realidad estaba casi agotada. Ya no trabajaba como antes. Había engordado. Mis hijos me molestaban. Mis amigos me molestaban. Mi perro me molestaba. La realidad era odiosa. Tocaron las doce y el cielo se iluminó. En un acto de coraje, cometí el horrible crimen de eliminar a mi personaje del servidor y ya nunca más volver.

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