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[REVIEW] Monster Monpiece: A las piñas con cartas


Crónica de una vergüenza anunciada.
 

“¡YO LA HAGO!”, dije cual niño que levanta la mano en el colegio, ante el pedido de review de un juego de Vita. Tenía la consola, tenía el tiempo y tenía las ganas. No había razón para no aceptar. Pero eso fue antes de darme cuenta de que no sabía qué juego había agarrado. “Monster Monpiece”, googleé intrigado… y si hubiera podido, me hubiera encantado ver mi cara cuando descubrí en la que me había metido.

La barra de descarga recién estaba por la mitad en mi querida PS Vita. El juego todavía no se había bajado. Mientras esperaba, decidí aprovechar para investigar un poco más sobre el curioso fichín que había aceptado analizar y del cual no sabía absolutamente nada. Las imágenes que la computadora me mostraba eran poco más que indiscretas y ya estaba viviendo un leve adelanto de lo que iba a tener que experimentar más adelante. O eso creí.

Pese a todo, el desmesurado fanservice no fue lo que más me preocupó. Siempre había sido un frustrado jugador de cartas. En mi niñez, mi paso por el mundo de las Magic había sido corto y desdichado, lo que me llevó a refugiarme en las cartas Pokémon en un nuevo intento consuelo, que por supuesto resultó aún peor. Pensar que debía volver a enfrentarme a un género ya resignado me asustó de sobremanera.

Y el juego se bajó.

Eché una ojeada a mí alrededor y me alegré al no tener gente cerca. Era el momento oportuno. Inicié el fichín sin titubear, todos los temores que había sentido fueron desplazados por la curiosidad en ese momento.

Luego de algunas escenas, diálogos y amistosos tutoriales, pude presenciar un poco la historia. Se me presentó el mundo mágico de “Yafaniel”, el cual estaba habitado por humanos y Monster Girls –mujeres mitad humanas, mitad monstruos– que poseían la habilidad de materializarse en cartas. May Esperio, la protagonista, estaba estudiando en una academia para convertirse en una gran entrenadora de Monster Girls, un concepto parecido a ser un Maestro Pokemon, a fin de cuentas. El asunto se complicó un poco cuando Elza, una amiga de May, fue víctima de una maldición y cayó poseída por un ser misterioso. Mi deber entonces era encontrar a Elza, salvarla de su maldición, y de paso salvar al mundo, ya que estaba. No me pareció un argumento del todo original, pero fue una excusa suficiente para embarcarme en un viaje heroico y retar a las cartas a cada persona que me cruzara por el mundo.

La historia avanzaba, y los personajes se enredaban en conversaciones cada vez más irrelevantes. No sabía por qué estaba gastando tiempo en leer diálogos tan ridículos y triviales,propios de un infantil estereotipo japonés.

El tiempo voló. Pasaron cerca de dos horas cuando me di cuenta y acepté, muy sorprendido, que pese a todos mis prejuicios y expectativas, me estaba divirtiendo mucho. No era para menos, comprobé rápidamente que Monster Monpiece no poseía un grado de complejidad tan alto como otros juegos de cartas, pero si tenía un más que aceptable nivel de profundidad estratégico que lo hacía ideal para mí y para cualquier otra persona que buscara un entretenido juego de batallas táctico, pero que no fuera necesariamente hábil en el género.

Su gameplay llamó positivamente mi atención al parecerme novedoso a la vez que familiar, lo cual consideré contradictorio en primera instancia, pero que luego advertí que se debía a que sus mecánicas eran una perfecta y balanceada unión de Tower Defense, Card Battle, y hasta los clásicos juegos de mesa Damas y Ajedrez.

El tablero estaba dividido en dos mitades, azul y rojo, a la vez que poseía dos cuarteles –headquarters o HQ– en los extremos del mismo. Yo sólo podía invocar mis cartas en la zona azul, que aparecían en el tablero como figuras en 3D (muy a lo Yu-Gi-Oh!). Estas avanzaban automáticamente un casillero por turno, y mi objetivo era lograr que llegaran al otro extremo del tablero y destruyeran el cuartel del contrincante, antes de que él destruyera el mío.

Descubrí gratamente que en Monster Monpiece no existían cartas de mana, encantamientos ni artefactos, tal como estaba acostumbrado a ver en las Magic y en tantos otros juegos. Todas las cartas eran criaturas invocablesy estaban divididas en cuatro categorías: Melee (pelea cuerpo a cuerpo), Ranged (ataque a distancia), Healer (curación) y Buffer (potenciadora); lo cual me pareció muy acertado, ya que introducía cierta profundidad táctica al juego sin sacarlo de su ventajosa sencillez.

Continué progresando en mis batallas, inocente y despreocupado, hasta que de repente Monster Monpiece me interrumpió al avisarme de que era hora de aprender una nueva mecánica. Había llegado el momento. Todos mis temores fueron confirmados, y me vi entonces obligado a enfrentar un difícil dilema: conservar mi honor y sumergirme en un profundo pozo de derrotas y frustración; o sacrificar mi dignidad en pos de crear un poderoso ejército victorioso de cartas.

La elección fue casi inmediata, embarcándome en un proceso demasiado perturbador y humillante como para describirlo con meras palabras, el cual tuve que repetir muchas veces:

Esta mecánica consistía en levelear las Monsters Girls mediante un minijuego llamado “First Crush Rub”. Para activarlo, primero tuve que gastar los “Rub P” –puntos de frote– requeridos, para luego realizar el dichoso ejercicio manual. Si el minijuego era realizado con éxito, la Monster Girl perdía algo de ropa e incrementaba sus stats.

 

 

 

A esta altura ya me consideraba un ninja experto. Monster Monpiece aumentó mi destreza con las cartas, pero incrementó de forma mucho más drástica mis habilidades de sigilo, ya que el juego me provocaba demasiado pudor para jugarlo públicamente y preferí evitar tener que dar alguna explicación acerca de mis actos inocentes aunque embarazosos.

Mi aventura por el mundo de Yafaniel prosiguió sin grandes sobresaltos, por lo menos hasta el capítulo seis, donde de repente el juego se hizo mucho más difícil. Me costó salir de mi desconcierto y adaptarme al nuevo nivel de desafío que Monster Monpiece me planteaba, y que denotaba a la vez un leve desequilibrio en su curva de dificultad. Mi desempeño en las batallas estaba cayendo a una velocidad abrupta, y me vi forzado a abandonar momentáneamente la historia e incursionar en las batallas online, donde era posible conseguir nuevas y mejores cartas, inéditas en el juego principal.

Para mi sorpresa, el modo multijugador estaba casi desierto. Una vez llegué a presenciar siete personas conectadas al mismo tiempo y fue mucho. Encontrar a un contrincante cada vez me costaba más, y luego de intentar sin mucho éxito durante días, regresé al modo historia con algunos pocos nuevos ases bajo la manga.

Varios días pasaron y poco a poco me adentré en la recta final de esta singular aventura. El juego estaba llegando a su fin, al igual que mi larga y comprometida epopeya clandestina que con tanto esfuerzo había con éxito disimulado. Había sido predeciblemente atrevida y inesperadamente adictiva. No pensé que iba a concluir el fichín con tantas satisfacciones, teniendo en cuenta el rechazo que le había tenido en un principio. Reflexioné finalmente que si Monster Monpiece pudiera ser despojado de su obsceno y recurrente fanservice y de sus diálogos vacíos y sin sentido, estaría frente a un juego de gran calidad. Pero lamentablemente aquellos detalles y no-tan-detalles existían y degradaban de alguna forma el título, concibiendo momentos poco memorables que solo despertaban mi deseo de saltearlos para seguir con otra parte más divertida.

Aún así, no me arrepentí. Apagué feliz mi PS Vita, complacido por haber experimentado un divertido juego que tenía más pros que contras, por más que todas las predicciones indicaran lo opuesto.

Pero la satisfacción no me duró mucho. De repente recordé mi ineludible compromiso de hacer pública mi encubierta y vergonzosa experiencia. Debía escribir la review. [i]

DISTRIBUIDOR: Idea Factory
DESARROLLADOR: Compile Heart
GÉNERO: Card Battle
PLATAFORMAS: PS Vita


PUNTUACIÓN:
70%

QUÉ ONDA: Es un juego de fanservice con batalla de cartas, en ese orden.
LO BUENO: Mazos personalizables. Las batallas son muy divertidas y adictivas, con un sistema táctico muy interesante.
LO MALO: Casi todo lo que no es gameplay puro. Saturado de fanservice. Diálogos. La ironía de ser un juego portátil que nadie se atrevería a llevar y jugar en público.

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