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Una voz que nos inspire al cambio

Hay cosas que definen las consecuencias de la sociedad capitalista que predomina. Lo que les voy a mostrar es una de ellas…

Estados unidos. La tierra de la oportunidad. Seguramente la otrora tierra de la oportunidad la definiría mejor. No fue la cuna del capitalismo en sí, pero en efecto lo es en cuanto al neoliberalismo.

Muchas veces sociólogos, antropólogos, periodistas y pensadores varios intentaron mostrar el demonio que nos vendieron como forma de convivencia en sociedad yendo a los casos más extremos. La pobreza del África, los millones que viven y mueren en la pobreza, sumidos en las necesidades más básicas de todas. Lugares de los que todos hasta el más liberal de todos los seres humanos se horroriza e indigna.

La pobreza siempre fue explicada como una consecuencia del capitalismo. Muchas veces hasta fue explicada como una consecuencia de la falta de capacidad de los mismos pobres. Algo que solo brillaba por la excelente tarea de librar la conciencia de aquellos capitalistas con algunos escrúpulos más que por la naturaleza explicativa real del argumento mismo.

El debate sobre el tipo de modo socioeconómico que rige en el mundo se suele subdividir en tres partes. Una enorme y otras dos radicales y pequeñas. Las dos pequeñas extremidades de esta Campana de Gauss justamente son la creencia que este sistema es el correcto y que todo lo demás falla indefectiblemente, que no hay más que este tipo de capitalismo neoliberal bajo el sol; y la otra es la opuesta de la anterior shalalala la la. En el medio de estos dos extremos está la mayoría, creo yo, expectante.

Esta mayoría expectante cree que el sistema está mal, pero no tanto como para hacer una olla popular con todo lo que existe y vivir en pelotas cantando canciones de Piero. A su vez, dentro de esta mayoría hay una escala de matices en cuanto a cuan justo es el sistema actual, la ayuda social, las políticas monetarias, el estado de bienestar, etcétera. Pero sí coinciden en que esto es perfectible.

Las tres posiciones debaten qué es mejor o peor. En particular la discusión más trabajosa no es la de los extremos minoritarios, sino la de capitalistas versus disconformes. Más allá de la pobreza extrema, es a veces difícil poner en ejemplos tangibles cómo es que el sistema actual no funciona (y que no sean casos anónimos). Hasta hoy, creo yo (por lo menos para mí).

El siguiente video muestra que el sistema actual que tanto reivindican desde “la tierra de las oportunidades” está roto.

http://www.youtube.com/watch?v=QuWZxXU3-w0

Este video conmovió a miles, incluso fue levantado ayer por la CNN. Líder en noticias que vendan. Lo curioso es que se pueden sacar varias lecturas de esto, unas más rebuscadas que otras. La primera es simplista: detrás de cada mendigo hay una persona, una historia de vida, quizás con más bajos que altos pero historia al fin. Parece insensible que esto sea un descubrimiento para muchos, pero la verdad es que lo es, porque el sistema actual así lo requiere.
La segunda es un tanto hollywoodense o de “after school”: aún el talento innato puede no salvar a un ser humano en este sistema y que más vale el esfuerzo por no tropezar porque si no te come la tercera. Y esta es justamente la más rebuscada pero quizás obvia: las  oportunidades incluso en la tierra de las mismas no brotan del suelo como tanto se pregona. El sistema está roto. Nuestro querido locutor sin techo no tiene trabajo, tropezó con las drogas -de las cuales parece haberse librado pese a estar en una situación que llevaría hasta a los más rectos al abismo de la adicción- y ahora vive de las monedas que vale el sonido de su voz para los conductores de Ohio.

The golden voice homeless guy desnuda las peripecias del teatro de la mente que es la radio. El contraste conmueve, porque es una verdad desnuda de lo que el actual sistema nos quiere vender a diario. Y es esta verdad desnuda que se lleva puesta una verdad instalada como tal, que es justamente el talento lo que nos puede sacar adelante en este sistema y todos sus derivados.

Mientras escribía esta entrada a este blog, la suerte encontró a nuestro querido as del éter sin techo. Fue contratado por una radio para hacer anuncios, le dieron una casa, ropa y un corte de cabello; espera pronto viajar para ver a su madre de 92 años, a quien no visita hace tiempo.

Seguramente. Muchos piensen que esto refuta todo lo dicho anteriormente, pero no es así. El sistema había desechado al pobre Ted. Y no fue otro que una persona, que fue capaz de ver más allá de lo que nos quieren convencer que es la pobreza y la exclusión, quien pudo rescatarlo de su miserable situación para que fuera considerado otra vez como alguien valioso para la sociedad.

 No fue el sistema actual. Ya está claro que no funciona. No funcionó para Ted durante años y no funciona para todos los otros Teds que no tienen la suerte de que un matutino se apiade de ellos y los ponga otra vez en circulación.

Este es el claro ejemplo de por qué tenemos que ir hacia un modo de vida más justo que este intento pedorro de libre comercio y globalización. Donde se erijan más premios que castigos, donde haya oportunidades, pero más importante aún: segundas o terceras oportunidades.

 

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