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Diablo III: Probando la beta cerrada – Segunda sesión

De médico brujo a bárbaro en 4,5 horas

Anoche terminé la beta de Diablo III con mi Witch Doctor. Hice todo lo que podía hacer (eso creí) recorriendo todos los rincones, en unas cuatro horas y algo. 

La gran final de la beta es contra el “Skeleton King”, un huesudo vestido de noble de tres metros de altura que pega fuerte y se ríe a carcajadas de su supuesta inmortalidad ósea. Una pequeña parte del camino la había hecho con ayuda de Nicolás Chiari, un colega, fundador y CEO de Gameshock, pero en la final estuve acompañado por un templario al que contraté luego de salvarle el trasero en una mazmorra previa.

 

¿Qué tal jugar con Nico? En principio, Zarrock, mi negro brujo con acento africano y más bueno que Lassie se sorprendió al ver llegar a Nico en forma de una hermosa hechicera, una tal Flannery. ¡Nico, qué te pasó! Y sí, hay gente que juega como minita, pero no debería adentrarme en esas cuestiones psicológicas. El hecho es que yo lo había agregado a mi lista de amigos del juego, y al comenzar a fichinear esa sesión dejé abierta la posibilidad para que los amigos entraran a la partida. Y eso pasó justamente, Nico aceptó la solicitud cuando llegó y al toque pudo entrar al cementerio donde yo estaba de orgía con zombies y monstruos.

 

Mientras yo tiraba de lejos con mi cervatana envenenada y partía cadáveres con un precioso garrote electrificado, la hechicera tiraba rayos y golpeaba con una fuerza descomunal. Repito lo que ya dije en mi primera entrada de blog sobre Diablo III: es impresionante la contundencia al matar, golpear, partir y destrozar. Suena bestial, vuelan pedazos por todas partes con una física buenísima. También tenía yo mis poderes locos, como mi trío de perros zombies que me acompañaban siempre y uno que hace salir brazos de muertos del piso y ralentizan a los enemigos además de producirles daño. Y la loca podía electrocutar en masa. Sólo que también tenía que ir a comer, así que me dejó abandonado en una cripta y ya no volvió.

El árbol de habilidades es muy excitante. Los poderes que se pueden elegir no tienen desperdicio y las cosas van mejorando a un ritmo sostenido. El juego es muy adictivo en eso de juntar cosas y equiparse mejor. A medida que se avanza, uno obtiene la quest con el herrero y a partir de ahí ya aparece en Nueva Tristam la forja donde se puede reparar el equipo y crear armas y armaduras. Juntando unas hojas de pergamino podemos hacer que el herrero suba de nivel y aprenda a fabricar equipo cada vez más poderoso. Hay que juntar toda la chatarra posible para reunir materiales comunes, y desencantar -destruir- las armas y objetos encantados para obtener el polvo mágico para las cosas nuevas. Es muy similar a World of Warcraft y, bueno, los que jugaron a WOW ya lo saben: es peligrosamente adictivo así como hiper-satisfactorio.

 

Luego está ese tema de la casa de subastas, que también recuerda mucho al fantástico Auction House de WOW. No lo probé, pero veré de hacerlo pronto si es que me la beta me lo permite. Tendría que fabricar algo realmente cool para ver si lo “vendo”.

 

Cuando terminé la beta estaba tan cebado que de inmediato arranqué con un segundo personaje. Me armé un Barbarian Irrompible. Hice que mi Witch Doctor dejara algún equipo en el cofre comunal, como para no arrancar en cueros, y salí a repartir. ¡Ahh, bueno!, me dije cuando comencé a dar las primeras piñas y poco más tarde agarré una guadaña. El bárbaro es un animal. Pega con una violencia que roza la exageración (¡o sea, está buenísimo!), cada puñetazo, salto o hachazo manda a los bichos a volar fuera de la pantalla y provoca una explosión de sangre y un estruendo que seguramente mis vecinos odiaron. Lo que noté es que había algunos enemigos diferentes y eran muchos más que cuando estuve pasando por los mismos lugares con el Witch Doctor. No estoy seguro del todo.

 

El Barbarian tiene poderes de grosso, brincos, golpes devastadores, gritos que desalientan y mucho más que todavía no descubrí del todo. En síntesis, Diablo III se perfila como un juego que me gusta no mucho, muchísimo, que me voy a comprar -si Blizzard no me lo da- y que voy a disfrutar con amigotes hasta altas horas de la noche.

En el foro están discutiendo algunas cosas que les parecen fuleras, como la necesidad de estar siempre conectados para jugar incluso en solitario, o lo complicado que podría llegar a ser el sistema de ventas con dinero real. Pero les digo que no tuve problemas con Telecentro hasta ahora, solamente durante la tarde no pude fichinear porque Blizzard estaba haciendo ajustes en la performance del servidor. Pero pude jugar luego, Nicolás entró sin problemas, no hubo lag, chateábamos y hasta él se puso a comprobar si podía mostrarme los objetos como se hace en WOW, que te deja pasar el mouse sobre el nombre para ver las stats. La experiencia fue top, a mi modo de ver. Muy a lo WOW, que a mí me encanta.

 

Mientras jugaba, estaba pensando que este Diablo III es un World of Warcraft en muchos aspectos. De hecho, me gustaría una opción para verlo como a WOW, con la cámara atrás del personaje, o sea en tercera persona, además de verlo con una vista isométrica. Si incluso en primera persona sería un golazo. Se parece mucho a un MMORPG… tanto que de esto a un MMORPG habría algo así como dos días de laburo para los micos de Blizzard.

Shadbox, Pablitus y Avatar: You suck. 😀

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