Killer Queen Black tiene todo lo necesario para entretenernos decenas de horas, desearles cosas horribles a nuestros afectos más cercanos y, en el proceso, reírnos hasta ensuciarnos la ropa interior (medias incluidas).

Con su humor irreverente y un diseño que no envejece, Castle Crashers es probablemente el mejor beat’em up que nos dejó la década pasada y es una suerte poder contar con su presencia en la actual generación de consolas.

¿Qué pasaría si diseñaran un juego contemplando las “malas artes” a las que recurrimos cuando jugamos party games? ¿Es Move or die la herramienta definitiva para arruinar amistades?